Sin tajada, hacen su propio pastel

Por Víctor Hugo Ornelas

Viernes 22 de febrero de 2019

Recuerda usted a Margarita Zavala, esposa de Felipe Calderón, y quién buscó por cielo mar y tierra convertirse en la candidata del partido Acción Nacional a la presidencia de la República pero que al no lograrlo se quiso postular por la vía independiente para finalmente desistir, bueno pues resulta que esta señora está promoviendo la creación de un nuevo partido político, algo que argumenta con un discurso que ya hemos escuchado muchísimas veces, que es el de venir a rescatarnos de la situación en la que nos encontramos los mexicanos.
En cualquier sistema democrático el surgimiento de un nuevo partido político podría ser motivo de celebración, pero en un sistema democrático como el mexicano, la realidad de las cosas es que para nada resulta un aliciente, por el contrario, esos temas los ciudadanos los empezamos a ver con pesadez y cierta animadversión.
La experiencia nos dice que ni siquiera podemos confiar en que las firmas que reunió la Zavala para la conformación de ese partido sean reales, o al menos conseguidas de manera legítima, pues la intento de candidata ya estuvo en el ojo del huracán cuando se descubrió que miles de firmas que presentó para la conformación de su candidatura presidencial independiente eran apócrifas.
Pero además resulta que el mexicano ya se cuestiona muchas otras cosas cuando surge una nueva figura política, y en el caso de un partido, por ejemplo, la pregunta implícita es si realmente lo necesitamos, porque bien sabemos que los partidos inician con una serie de ideales esperanzadores, pero terminan convertidos en el vehículo que utilizan algunas personas para lograr sus propósitos, entre ellos llegar al poder.
Ahí tenemos por ejemplo al Presidente Andrés Manuel López Obrador, o al mismo gobernador Enrique Alfaro Ramírez, quienes han pasado de un partido a otro para conseguir estar en el espacio que hoy están; incluso, en el caso del mandatario nacional no nada más hablamos de la migración partidista sino también de la creación de un partido (Morena) que le permitió perseguir sus intereses.
Cada tres y cada seis años, partidos van y partidos vienen, vemos nuevas banderas políticas surgir, de las cuales pocas sobreviven, porque la mayoría se quedan en la mediocridad y desaparecen con el único logro de haber generado riqueza para sus creadores y promotores.
Si somos francos, en ese contexto político lo que menos requerimos como País es el surgimiento de nuevas instituciones políticas que inicien navegando con bandera de esperanza y al poco tiempo naufraguen entre una decepción y otra. Lo que México necesita son personas con vergüenza que no pretendan una posición de poder, que dejen de comportarse como la prostituta de los intereses particulares, y que en su mente realmente tengan la pretensión de servir al interés colectivo.
Así como para Margarita Zavala Y Felipe Calderón, a cualquiera que presuma el bautizo de un nuevo partido político el mensaje es muy simple: pueden agarrar ese papelito e introducirlo hasta el fondo del lugar por el cual se pasan las leyes y las necesidades de los mexicanos.

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