La realidad no cambia con un 14 de febrero

Por Víctor Hugo Ornelas

Viernes 15 de febrero de 2019

Un señor sentado en el rincón de una calle en el fraccionamiento Santa Fe pinta su cara para iniciar la jornada laboral, es un payasito de camión que tras el maquillaje y la sonrisa guarda una historia que refleja parte de lo que ocurre en el País.
Padre de familia, esposo y desempleado, todo pasó en ese orden, a la mujer que embarazó la conoció cuando trabajaba, luego se casó con ella, tuvo otro hijo y cuando pensó que más o menos podía librarla, la chamba se acabó.
Conseguir otro empleo es complicado cuando tu currículum contiene un historial laboral decente y estudios de licenciatura que te respalde, para el protagonista de esta historia, la cosa es mucho peor, cuando apenas ha tenido un par de empleos y su estudio máximo es la secundaria.
Sin embargo, podría decirse que el tipo es honesto, prefiere batallar de camión en camión a buscar ingresos de manera ilícita, aunque no es algo que le enorgullezca mucho, pues su actividad “laboral” la mantiene fuera del conocimiento de la familia, es por ello que se maquilla en la calle y no en su casa.
El hombre simplemente lleva el gasto para la casa, en ocasiones alcanza, otras de plano no, hay que pagar renta, gas, luz, despensa, ropa y calzado para los hijos, entre muchas otras cosas que pueden catalogarse como un lujo para esta familia, aunque sean básicas para otros tantos ciudadanos.
Después de conocer la historia antes narrada no se puede evitar una sensación de lamento y reflexión, se nos puede venir a la mente el caso similar de algún vecino, familiar o de nosotros mismos.
No cabe duda que la ignorancia es el camino más cercano a la felicidad, pero también el más irresponsable, es quizás éste el camino que han elegido los gobiernos que conforme van asentándose sus administraciones se van alejando de la gente, desconocen sus problemas y entonces no saben de sus necesidades, por lo tanto, no pueden ayudar.
Crear programas sociales es un paso, pero no basta, lo que se debe hacer no es enseñar a la población a pedir y estirar la mano, lo que hay que hacer es un acto de reciprocidad, nosotros no le vamos a pedir nada al gobierno porque nosotros somos quienes se lo estamos dando, el dinero de los impuestos representa uno de los pilares en las arcas gubernamentales.
Lo que debemos no pedir, sino exigir, es una correcta administración de estos recursos, no es posible que en una sociedad del siglo XXI exista en nuestro País una brecha tan descomunal como las que encontramos, en donde hay ciudadanos que tienen una calidad de vida como la que posee el habitante de una de las mejores ciudades suizas y por otro lado existan personas que sigan viviendo como en el siglo XIX prendiendo un comal con madera y alumbrando su choza de lámina con una vela.
Todos los días vemos en nuestro camino a cientos de personas que luchan por mantener a sus familias, o como muchos dicen: “salir adelante”, cada una con una historia diferente, pero todos con una coincidencia, son habitantes de este País, un País cuyo Gobierno utiliza la palabra “Bienestar” como máxima expresión, pero que está distante de lograr hacerla sentir y vivir a sus ciudadanos.
Ayer la mayoría de la gente estuvo de cursi regalando un chocolatito, una rosa o dejando un recado a alguien con el argumento de que es día del amor y la amistad, se lo estuvieron diciendo a alguien que les resulta agradable, a quien querían llevarse o al altar o al colchón, deseos que muchos argumentan como amor, pero que en realidad se trata de dar satisfacción a un anhelo personal.
Eso pasa por falta de congruencia y por fingir ser algo que no somos, cuántos de nosotros estaremos dispuestos a demostrar el amor no de una manera egoísta. Quisiera ver que en días como éste se inicie una cultura en la que dejemos de ignorar lo que pasa a nuestro alrededor, nos involucremos en la cotidianidad de nuestras comunidades y se incremente el número de personas dispuestas a dar aventón al vecino que siempre vemos en la parada del camión camino a nuestros trabajos, o cuántos están dispuestos a dar un chocolate a alguien que no conocen, sólo para recordarle que hay otros seres humanos y que no está solo, y lo que quizás podría resultar más satisfactorio, es ver que un gobierno entero movilice a todos sus empleados y como muestra de amor a su Municipio, a su Estado y su País, hagan algo por la ciudadanía, no hoy, sino todos los días, hasta entonces habrá que celebrarlo, mientras tanto, sigamos fingiendo ser felices entre actos de hipocresía.

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