Tlajomulco colonial: la voz de su gente

Por Octavio Guevara

Domingo 03 de febrero de 2019

Durante los últimos 50 años del virreinato, la Nueva España experimentó cambios en su estructura política, social y económica que atentaron contra los intereses de una parte de su población y para los más vulnerables significó la ruina. Muchos pueblos de indios se vieron en crisis. El descontento generó un sentimiento de poder cambiar la situación.
Un hecho movilizó a las autoridades al iniciar el siglo XIX: se anunciaba el surgimiento de un soberano indio, en Tepic, que habría de reinar a la Nueva España en 1801. Mariano era el nombre de quien hizo estremecer a las autoridades virreinales, cargado de leyendas, de rumores, de cosas inciertas. Hubo movilización de milicias para apaciguar todo intento de sublevación, hubo detenidos, pero nunca se aseguró a Mariano, un ser inexistente en carne y hueso pero real en la inconformidad y sentimiento de rebeldía de los indios que anhelaban reinar. Historias como las de Mariano se repitieron, pero en Tlajomulco, 70 años antes, en tiempos de orden esa historia se hizo presente en la mente del cura de la parroquia de San Antonio de Padua.
Con desesperación notoria, un 04 de junio de 1727, el cura Joaquín Ciprian del Rivero escribió al Obispo una relación de inconformidad contra los caciques de apellido Maraber y Letrado. En primer lugar, los acusaba de haber usurpado los títulos de cacique a sus verdaderos dueños: ‘‘creyendo descender de los conquistadores de este Reino… no obstante, han llevado adelante su nobleza para no servir en cosa alguna al pueblo y mucho menos al convento’’. Así iniciaba la acusación, para proseguir con un tema de conspiraciones de indios, con propuestas similares a las del indio Mariano.
Señalaba que ‘‘convocaron a los pueblos, todos de esta jurisdicción, haciendo en todos ellos cabildos de noche, a excusas de su cura, con la Nueva Recopilación de las Leyes de Indias en las manos, sugiriendo cismas y haciendo creer a todos los indios: que la Iglesia los tenía tiranizados con crueldad inhumana en hacerles pagar obvenciones, o servir a los curas con tasación…que ellos pondrían remedio, como todos los pueblos les ayudaran, por lo cual merecieron que toda esta comarca los llamara Hombres de Dios enviados al mundo para su desengaño’’. Se agrava la situación, cuando el cura señala que ‘‘Y con este impulso, confederados todos, no solo maquinaron el matarnos (peligro que por nuestros ojos vimos), sino que aviaron con pesos sacados de las cofradías, cada uno de estos pueblos, a los dichos Maraveres o Letrados para que fueran a México, como fueron a la empresa de librar la comarca de pagar obvenciones y de servir a las iglesias’’. Veremos en la próxima entrega más acusaciones contra estos caciques indios, que tendrían peso con tal introductoria alarma.
Estimado lector, en esta novena entrega ‘‘Miedo a los indios. Parte I’’, con las líneas aportadas por Rey Orozco, vimos los temores que constantemente aquejaron a más de un español. En el caso de Tlajomulco, estas acusaciones abren nuevas vías para la investigación acerca de los indios nobles y su poderío psicológico sobre sus respectivas comarcas, traducido en el terror de las autoridades competentes y la esperanza de los oprimidos.

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