EL PROGRAMA DE AMLO

Por Quirino Velázquez 

Domingo 27 de enero de 2019

“LA UNIDAD DE PENSAMIENTO, QUE DE NINGÚN MODO QUIERE DECIR LA SERVIDUMBRE DE LA OPINIÓN, ES SIN DUDA CONDICIÓN INDISPENSABLE DEL ÉXITO DE TODO PROGRAMA POLÍTICO.” -José Martí-

El programa de gobierno que ha venido impulsando AMLO cuenta, hasta ahora, con cuatro columnas para sostenerse: los militantes de Morena cuya identidad se define por su lealtad al líder; la mayoría legislativa en ambas cámaras; la disciplina y la obediencia del Ejército y de la Marina; y su muy sólida y creciente popularidad. Le alcanza y le sobra para cimentar las difíciles decisiones que ha venido tomando desde el 01 de diciembre y para enfrentar las inercias principales que atosigan al país: la corrupción, la desigualdad y la inseguridad.
Apenas han transcurrido poco más de 50 días del inicio del gobierno de AMLO y el recuento es tan abundante que parece que han pasado siete meses y no siete semanas: LA CANCELACIÓN DEL AEROPUERTO DE TEXCOCO; LA ANULACIÓN DE LA REFORMA EDUCATIVA; LA BATALLA EMPRENDIDA EN CONTRA DE LOS HUACHICOLEROS (de cuello blanco y los que pican los ductos) Y SUS COMPLICADAS CONSECUENCIAS (incluye las broncas por esas razones, con los gobernadores en particular con el nuestro Enrique Alfaro); LA REORIENTACIÓN DEL PRESUPUESTO PARA FINANCIAR LOS PROYECTOS IMAGINADOS POR EL PRESIDENTE JUNTO CON LAS MEDIDAS DE AUSTERIDAD REPUBLICANA; LA APROBACIÓN DE LA GUARDIA NACIONAL Y EL NOMBRAMIENTO DEL PRIMER FISCAL GENERAL DE LA REPÚBLICA PARECEN RESUMIR LO PRINCIPAL; entre una larga lista que promete hacerse cada día más grande: literalmente, cada día.
No comparto la crítica de quienes han visto en este arranque eufórico de su gobierno una serie de ocurrencias sueltas, sin sentido ni coherencia. No es cierto. Creo, por el contrario, que corresponden con absoluta claridad a la oferta que vino entrelazando el joven militante tabasqueño Andrés Manuel López Obrador desde que eligió la bandera de la oposición al viejo régimen. Esas decisiones, sin duda, describen su visión muy clara de un Estado popular que: QUIERE REPARTIR DINERO PÚBLICO A LOS MÁS POBRES; QUE DESEA ARRANCARLES EL PODER POLÍTICO A LOS RICOS; QUE INTENTA DARLE CONTENIDO A LA SOBERANÍA ENTENDIDA COMO AUTOSUFICIENCIA Y AUTODETERMINACIÓN; QUE IMAGINA UNA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA PEQUEÑA Y OBEDIENTE; QUE BUSCA RETOMAR EL MANDO POLÍTICO DE LA NACIÓN DESDE UNA PRESIDENCIA FUERTE Y RESPETADA; Y QUE EN CONJUNTO, EN EFECTO, ASPIRA A CONVERTIRSE EN UN NUEVO HITO DE LA HISTORIA MEXICANA A TRAVÉS DE LA CUARTA TRASFORMACIÓN DE LA NACIÓN. Nada de eso es nuevo: AMLO lo viene diciendo desde joven.
La debilidad principal de ese proyecto político es que su éxito depende, casi totalmente, del propio liderazgo de AMLO: es el proyecto acuñado por el presidente desde la biografía del presidente. O si se prefiere, del presidente y su respaldo popular. Si se mira con cuidado, tres de los pilares que han sostenido sus primeros pasos en la jefatura del Estado mexicano son intransferibles. Con la excepción de la obediencia de los militares, el resto constituye el capital político estrictamente personal de López Obrador. Ni Morena, ni los votos ganados en las elecciones anteriores, ni la confianza que produce entre la mayoría de las personas pueden entregarse a nadie por decreto. No son instituciones perdurables para la República sino cosecha de su propia siembra. Un proyecto personal, cuya consolidación descansa en la vigencia política de su creador.
Comprendo que, dados los desafíos que se ha impuesto el presidente de la República, no tendrá tiempo suficiente para detenerse a pensar en el futuro que inexorablemente lo rebasará algún día (AMLO ya está en el invierno de su vida y el tiempo es cruel y no perdona dijera Juan Gabriel). Pero nosotros sí y es conveniente hacerlo desde luego. Que nos propongamos imaginar lo que sucederá con estos cambios cuando ya no sea López Obrador quien nos gobierne, cuando ya no sea posible justificar la pertinencia de las decisiones en nombre de sus virtudes personales y cuando tengamos que enfrentar, como sucederá de todos modos, la sucesión de un presidente que habrá modificado casi todo según su imagen y semejanza, para poner el País en otras manos. Cuando llegue ese momento, lo deseable es que la convivencia armónica, pacífica e igualitaria no dependa de él, sino de nosotros mismos.
Bien lo decía el político, escritor, pensador, periodista, filósofo y poeta cubano José Martí: “LA UNIDAD DE PENSAMIENTO, QUE DE NINGÚN MODO QUIERE DECIR LA SERVIDUMBRE DE LA OPINIÓN, ES SIN DUDA CONDICIÓN INDISPENSABLE DEL ÉXITO DE TODO PROGRAMA POLÍTICO.”

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