Tlajomulco colonial: la voz de su gente

Por Octavio Guevara

Viernes 20 de enero de 2019

En esta séptima entrega, estimado lector, tocaremos un tema del que nos podríamos declarar expertos, por tanto leer de él, los amantes de la historia de Tlajomulco: las cofradías. La Iglesia controlaba la vida espiritual de los indios a través de diferentes mecanismos, entre ellos la institución en mención, pero ¿Se limitaba la cofradía tan solo a su deber? Desde los casos que nos aporta Rey Orozco, podemos titular esta entrega como ‘‘la cofradía, ¿Válvula de escape o autonomía?’’. De entrada debemos señalar sus funciones principales: devoción y socorro mutuo.
Veremos que sus funciones iban más allá. Quizá por la presión de impuestos los indios veían en las cofradías una vía para evadirlos, ¿Cómo? Con el hecho de mentir en las cuentas y esconder el ganado. Así denunció el cura, en 1721, a la cofradía de La Purificación del pueblo de San Lucas: ‘‘y se pasaron seis años engañándome que eran unos pobres, hasta que unas personas buenas me dijeron tenían escondido en el cerro el ganado, disponiendo de ellos alcaldes y viejos’’. En las visitas pastorales al curato de Tlajomulco, eran constantes los señalamientos de que los mayordomos de las cofradías no daban cuentas en tiempo y forma.
Cuando hablamos de ‘‘válvula de escape’’ nos referimos al rompimiento del estrés cotidiano, romper la rutina. Si hoy nos escandalizamos porque durante las fiestas patronales los espacios públicos son utilizados para todo tipo de vicios, ahora ¡Imagínese usted estos escándalos en la cofradía y hospital de la Purísima Concepción de Tlajomulco! El visitador, en 1767, denunciaba que ‘‘en dichas salas [del conjunto del hospital], anualmente, por los meses de septiembre y octubre tienen los indios varias juntas que duran toda la noche, que llaman ‘‘veladas’’, en que se dejan ver juntas muchas gentes de este pueblo con el desorden de borracheras y excesos’’.
¿Control sobre la riqueza? En el caso de la cofradía de la Purísima Concepción de Tlajomulco, las propiedades para el sustento llegaron a ser envidiables tanto para españoles como para los indios. Cacaluta, el sitio de dicha cofradía, se veía en constantes conflictos, como el sucedido en 1797, cuando Francisco Manuel Canal, mayordomo e indio cacique, protestaba por la intervención de españoles en la administración que él manejaba. En 1805, hubo un conflicto entre los caciques Tejeda y un español que pretendía apropiarse de su rancho que arrendaban en Cacaluta: Lomas de Tejeda.
Y así podríamos seguir con numerosos ejemplos, para darnos una idea sobre la utilidad que los naturales de esta jurisdicción encontraron en las cofradías de sus pueblos. Todo indica que fue una institución moldeada por los indios en atención a sus intereses, enfrentándose con ella a la Iglesia y al Estado. Hoy vemos que su importancia continúa: sobreviviendo a los decretos del Estado sobre la extinción de cofradías, o a los mandatos y sujeción del clero, en Tlajomulco sigue vigente. Tanto es así que, durante las fiestas a la Purísima Concepción, el H. Ayuntamiento de Tlajomulco toma un día del novenario. Podríamos hablar de un verdadero mestizaje en la religión de los naturales, ellos se apropiaron de una nueva cultura, la moldearon y la plasmaron en edificios, en su forma de adorar a Dios y de amarse a sí mismos.

columna octavio 939

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