SOBRE EL HUACHICOL

Por Quirino Velázquez 

Viernes 19 de enero de 2019

Tiempo de contar…

“En una sociedad de consumo, de ofertas, de tentaciones, la idea del saqueo puede transformarse en una gran fiesta” -Fernando Savater-

Les cuento lo que ya todo mundo sabe: que las estaciones de gasolina de la zona metropolitana incluyendo, desde luego nuestro municipio, y del interior del Estado han acumulado largas filas de clientes en los últimos días. La escasez del hidrocarburo ha desencadenado la alarma entre los consumidores y han provocado “compras de pánico”. El Gobierno mexicano ha explicado que el desabasto del producto es una de las consecuencias del plan de combate al robo de combustibles que el presidente, Andrés Manuel López Obrador, presentó en diciembre.
La estrategia busca disminuir la cantidad de hidrocarburo que es robado en diversos puntos del país, debido a que los robos se han duplicado en los últimos dos años. El objetivo por supuesto era y es válido: la lucha contra el robo de combustible que genera costos altísimos a Pemex, al presupuesto nacional y a la sociedad. La estrategia seguida fue, por lo menos, oscura, con nula comunicación sobre ella con la sociedad y con sectores directamente involucrados (como los propios gobernadores) y con una decisión tan controvertida como cerrar los ductos, acompañada de una pésima planeación para abastecer por tierra (con pipas) el combustible.
Las consecuencias son más de dos semanas de desabasto de gasolinas y diez estados de la República semiparalizados, incluyendo la Ciudad de México. Y, sin embargo, todo parece indicar que el presidente López Obrador ha logrado sortear, por lo menos, en el corto plazo, su primera gran crisis en estos más de 47 días (considerando esta fecha 17 de enero del 2019) en el poder. Y lo ha hecho basado y apostando todo a su propia popularidad. Una apuesta alta y que a la larga será desgastante, pero que en esta ocasión le ha alcanzado para imponer un mensaje que hace diez días no quedaba claro para nadie: esta crisis no fue por falta de previsión, por cambios en su política de adquisición de gasolinas, tampoco por una estrategia que nunca se ha dado públicamente a conocer, sino por el combate al robo de combustible que ha obligado, en la versión del gobierno, a cerrar los ductos de gasolina, otra decisión que nunca se explicó por qué fue tomada de forma tan drástica.
Sin embargo, en la opinión pública, López Obrador no ha salido mal librado. Las encuestas muestran un porcentaje alto de aceptación de su política en contra del robo de combustibles (más del 60% de los encuestados a favor), aunque nadie pueda definir bien a bien en qué consiste(ió) esa estrategia. Es verdad que este tipo de crisis no pueden vivirse sin sufrir un desgaste, personal y político. Para muchos sectores de clase media, sobre todo en estados donde la presencia de Morena no es tan fuerte, la crisis de la gasolina ha sido un catalizador de sus oposiciones. Pero éstas tampoco han logrado estructurar una respuesta (si acaso nuestro gobernador Enrique Alfaro le ha entrado “agarrando el toro por los cuernos”) y, por ende, el discurso ha quedado, en su totalidad, en manos del propio Presidente.
Por otra parte, el grueso de la información de la Presidencia de la Republica sobre robo de combustible se ha dedicado a los ductos y a quienes los pican para extraer la gasolina. En las conferencias mañaneras del presidente López Obrador se ha hecho sobre todo hincapié en que, si se cerraron tales ductos, que, si ya se abrió tal, pero lo volvieron a “sabotear” y lo tuvieron que cerrar de nuevo, etc. En muchísima menor proporción han aparecido por ahí las carpetas de investigación, los exfuncionarios, los empresarios, el sindicato y las gasolineras coludidas, los miles de millones de pesos lavados en el sistema financiero, o la evasión de impuestos.
Con los sistemas de información que tienen Pemex, el Servicio de Administración Tributaria (SAT) y la Unidad de Inteligencia Financiera se pueden cruzar datos y rápidamente concluir (al detectar las diferencias entre combustible recibido, ventas e ingresos reportados) cuales y cuantas gasolineras podrían estar comprando combustible robado. Aparentemente el SAT ya identificó a 194, muchas de ellas ubicadas en Jalisco.
Ojalá la administración del Presidente López Obrador no nomas sancione, clausurando o quitando la concesión o permiso a estas 194 gasolineras, sino que, a los dueños (empresarios gasolineros) los someta a proceso y los encierre en la cárcel. No sólo como muestra de que no permitirá la impunidad sino como un mensaje a quienes compren gasolina robada. Un mensaje poderosísimo del que acusarían recibo de inmediato los gasolineros, transportistas, empresarios, cualquiera que haya decidido comprar huachicol para ensanchar sus márgenes de ganancias. Cuando vean las barbas de 194 gasolineros cortar… seguramente van a dejar de comprar gasolina robada. Y desde luego debe de procesar y meter al bote (cárcel) a los políticos, funcionarios de Pemex (huachicoleros de cuello blanco) y demás servidores públicos provocadores de esa ilegal actividad. Yo soy de los que opinan que hay que presentar a los culpables de este gran saqueo.
A propósito del saqueo que les vengo contando, cabe la frase del filósofo e intelectual español, novelista y autor dramático, destaca en el campo del ensayo y el artículo periodístico, Fernando Savater: “En una sociedad de consumo, de ofertas, de tentaciones, la idea del saqueo puede transformarse en una gran fiesta”.

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