CONCLUYÓ UN AÑO, INICIA OTRO

Por Quirino Velázquez

Tiempo de contar…

“Empieza por el principio y sigue hasta llegar al final; allí te paras.” (Las aventuras Alicia en el País de las Maravillas) -Lewis Carroll-

El 2018 concluyó con un torbellino de noticias marcadas por el estilo de gobernar del presidente López Obrador, distinto, diferente, muy encontrado con el de cualquiera de sus predecesores. Un estilo de gobernar que se fraguó durante los cinco largos meses de transición y que se basa en la contraposición constante con el pasado reciente, hasta límites, en algunos casos, de gran intensidad política, pero que, en otros, raya casi en el absurdo. Ahí está toda la estrategia de los programas sociales y la utilización de los símbolos del poder.
El torbellino lleva a reflexionar poco, todo debe ser rápido, inmediato y así se cometen errores se habla demasiado y de demasiadas cosas, en unas conferencias de prensa que se realizan luego de una reunión a las 5:30 de la mañana con el gabinete de seguridad y en ocasiones con otros invitados que habrá que ver cuánto durarán o, mejor dicho, cuánto durarán sus participantes, porque en apenas tres semanas, la mayoría de los participantes se confiesan agotados.
Un fin de año que ha comenzado a exhibir públicamente lo que muchos adelantaron: el tema de la seguridad es, en apariencia, el más complejo a resolver y en donde la estrategia a seguir parece más dudosa. Es verdad que con la Guardia Nacional se ha concentrado todo o casi todo el control en el ejército, incluso quitando, dijo el presidente López Obrador en una declaración extraña y que no fue bien explicada, a la Marina “de todas las labores en tierra” (¿es verdad? ¿eso incluye los equipos de élite y la inteligencia que tan bien han funcionado y en la que tanto confían, por ejemplo, en Estados Unidos?), pero no parece haber un diseño completo, no se ha dicho una palabra de lo que se hará con las policías federal, estatales y municipales y si bien el Presidente ha hablado de un mando único no queda claro tampoco qué tanto comprenderá el mismo.
La que tímidamente comienza también a aparecer es la oposición, que ha descubierto que todavía gobierna muchos estados y que tiene en sus manos la posibilidad de bloquear cambios constitucionales. Bienvenida sea esa tímida oposición, porque durante los meses de la transición, prácticamente, había desaparecido. Claro que salvo personajes como el gobernador de nuestro Estado Enrique Alfaro, esta oposición está muy lejos aún de tener una estrategia y mucho menos líderes visibles.
Por otra parte, el año que inicia será, sin duda, el año de las definiciones en todos los aspectos de la vida pública nacional y, por qué no, en el ámbito personal de cada ciudadano. Y es que el cambio de régimen que se viene gestando desde hace varios meses ha traído como consecuencia la ruptura del actual establishment (orden establecido) para dar paso a una serie de cambios en el “modelo” en el que los mexicanos estábamos acostumbrados a convivir.
Independientemente de lo malo o bueno que representa este cambio, lo destacable es que para la mayoría de la población las cosas ya no podían seguir como iban desde hace poco más de tres décadas: crecimiento económico raquítico, mayor pobreza en general, menos oportunidades de desarrollo para las nuevas generaciones, mayor violencia, pero, sobre todo, un desencanto social que motivó el triunfo de un candidato que hoy representa un “torbellino” de decisiones que han trastocado el sistema en que ya nos habíamos acostumbrado a vivir. Que no por habernos acostumbrado a él significó que era bueno o positivo para la población de un País en el que las diferencias sociales se fueron profundizando tremendamente en los últimos años.
Si el año que recién terminó se caracterizó como el más violento, con bajo crecimiento y mayor corrupción, este que inicia no será menos complicado; muchos son los factores que nublan el panorama para el país en varios de los órdenes de la vida nacional. Desde los pendientes domésticos que no han sido resueltos, inseguridad etc, etc, hasta los conflictos mundiales que impiden el desarrollo de las naciones. El tema con Estados Unidos, principalmente el migratorio, amenaza con complicar la relación bilateral con México.
Es muy difícil vaticinar a dónde nos llevará esta “sacudida” institucional que impone AMLO. Lo preocupante del momento es el nivel de polarización que hay en el País y que parece que nos ha dividido como sociedad. La falta de unidad en nada nos ayuda a enfrentar los retos que “se nos vienen” este año que principiamos. Por ahí tendría que comenzar el nuevo gobierno, la nueva administración, si pretende mejorar el ánimo de millones de personas que mostraron su “desencanto en las urnas” con lo que ocurre en el país desde hace tiempo. La unión en cualquier sociedad es fundamental para caminar todos –o la mayoría– hacia una misma meta, un objetivo común.
Bien decía el inglés Lewis Carroll en su obra literaria Las aventuras de Alicia en el País de las Maravillas: “Empieza por el principio y sigue hasta llegar al final; allí te paras.”

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