Tlajomulco colonial: la voz de su gente

Por Octavio Guevara

Cuarta entrega: los caciques Maraver.
‘‘Nos quiere tener como hacienderos [hacendados] y no como caciques, siendo así que nos tiene amparados el rey, nuestro señor, por las mercedes que nos hizo en la nueva conquista en el Nuevo Reino de Galicia, como conquistador y fundador de dicho pueblo de Santiago de Galicia de Tlajomulco, por […] Don Felipe segundo, rey de Castilla por la Gracia de Dios, de las doce sillas y como consta en esta Real Audiencia’’. (Luis Vázquez Marabel, 1727).
Con estas palabras, estimado lector, nos adentraremos a un tema importante para comprender la Conquista y Colonización de lo que hoy es nuestro País: los caciques. Bernal Díaz del Castillo nos relata una versión del aventurado proceso de conquista de Nueva España, en que menciona la importancia de los caciques como aliados de Cortés en contra del gran Imperio Mexica.
En el caso de Tlajomulco, los caciques Maraver, como se señala en la frase introductoria, recibieron ese título por sus méritos de ayudar a los españoles en la conquista y fundación del mencionado pueblo. Según otras fuentes de siglo XIX, el apellido lo recibió el hijo del gobernador Miguel Estebánica tras ser bautizado por el Obispo Pedro de Maraver. Esta familia jugó un papel importante en la historia de la demarcación: durante el gobierno de Pedro Maraver se fundó la primera iglesia y convento de Tlajomulco dedicados a Santo Santiago y, más tarde, Santa Cruz Xuchitlán (de las Flores) en su primer asentamiento (Santa Cruz Vieja). A veces, solían ocupar los puestos de Mayordomo en las cofradías de su feligresía.
El cacique debía dar ejemplo y ser guía del pueblo, pero ¿Qué sucedía en momentos desequilibrados? Desde luego que el control de las autoridades civiles se enfocaba en los indios principales de los pueblos. Cierto día de 1727, Luis Vázquez de Marabel, ‘‘pobre y llorando como miserable’’, se quejó de los malos tratos recibidos por el Cura de Tlajomulco: escribía desde prisión alegando un trato injusto, acusado de no confesarse y comulgar en la cuaresma, de ser amarrado, azotado, bofeteado, colgado en un naranjo y su cabello cortado.
Semejante acusación fue replicada por el cura, alegando que aquel no cumplía con la Iglesia en la comunión ni asistencia a la doctrina cristiana, al registro de padrones y, peor aún, perturbaba el orden y pretendía ‘‘librar a los indios de la tiranía de sus curas’’. En represión y con miedo a un tumulto de indios, el Cura ordenó le quitaran ‘‘como cuatro dedos del cabello, por ser índice entre esta nación el pelo largo en los caudillos, de sus cavilosidades’’.
En este aporte de Rey Orozco, podemos ver que los caciques Maraver, a diferencia de otros, gobernaron al pueblo de Tlajomulco, configuraron su territorio y, así como contribuyeron al sometimiento pacífico de la población a la Corona española, podrían levantarse en contra del orden virreinal en un momento dado. Entender el papel de los caciques indios contribuye a quitar la culpa histórica de ‘‘traición’’ a la Malinche, considerando la inexistencia de este país en su momento, la rivalidad de pueblos mesoamericanos sin identidad nacional, divididos en grandes señoríos y cacicazgos.

20-12

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