ENRIQUE ALFARO RAMÍREZ

Por Quirino Velázquez 

Tiempo de contar…

“La administración alfarista puede ser la mejor administración que haya tenido el Estado en muchas décadas y por favor no alcen la ceja. No es zalamería ni me consta que sean gobernantes sobresalientes. No. Es la constatación de que los incentivos políticos y federales están puestos para que los recién llegados, con independencia de sus capacidades y potencial de trapacerías, se comporten a niveles quizá insospechados para sí mismos -Ivabelle Arroyo-

ENRIQUE ALFARO RAMÍREZ

Antier (05 de diciembre) concluyó (por fin) el gobierno del malhadado priísta Aristóteles Sandoval y el día de ayer (06 de diciembre) a las 10:00 de la mañana dio inicio la sesión solemne del Congreso de Jalisco donde se le entregó a Enrique Alfaro Ramírez el denominado bando solemne que lo acredita como gobernador constitucional de Jalisco. En el interior del recinto legislativo, estuvieron presentes todos los diputados, miembros del gabinete, presidentes municipales, miembros de la cúpula empresarial, y un número limitado de invitados y representantes de medios. En tanto, que en el patio se ubicaron a 600 invitados específicos que vieron la ceremonia a través de dos pantallas. A las 12:00 horas, tras la sesión solemne del Congreso, Enrique Alfaro se reunió con simpatizantes y público en general en la Plaza Liberación de Guadalajara donde dio su primer mensaje como gobernador constitucional a los jaliscienses.
En los últimos días estamos siendo testigos de cómo se escriben páginas de historia reciente en México y Jalisco. El 01 de diciembre fue sencillamente impactante la fuerza popular del presidente López Obrador; sólo figuras religiosas o artísticas movilizan masas como pudo verse en el zócalo de la Ciudad de México. Sin acarreos. Y este jueves vimos el ascenso al poder ejecutivo de Enrique Alfaro quien, en su escala, es también una figura que rompe moldes en Jalisco. Coincidencias del destino: AMLO cambió paradigmas en el nivel nacional y Alfaro lo hace en Jalisco. Pese a los diversos matices, con ellos empieza una nueva etapa de la vida pública. Son personajes de gran estatura y eso debe reconocerse en un momento en el que los mexicanos vivimos hastiados de la política y de los políticos.
Entramos ya a la etapa del ejercicio de gobierno y esa es la prueba del ácido. El mayor desafío del nuevo gobernador de Jalisco será entregar, al final de su mandato, un estado viable. Si algún contenido sustantivo ha de tener la llamada Refundación ha de ser este: que Jalisco siga siendo Jalisco y que tenga proyección de largo aliento. Alfaro no solo está llamado a darle una orientación distinta a los poderes públicos sino a refundarlos.
Hoy tenemos un Jalisco débil y no parece que haya conciencia de ese hecho. No la tenemos, porque la presencia del brillo político de Alfaro ha sido tan abrumadora que hemos acabado por creer que puede hacerlo todo. Como si la voluntad política fuera el único factor que importa y como si no existieran condiciones objetivas capaces de oponerse a esa voluntad omnímoda. Fascinados por la retórica del poder, olvidamos que éste se realiza a través de la organización de muchas voluntades que han de ponerse en armonía. En Jalisco no hay demiurgos sino seres humanos que deben lidiar con la terca realidad.
El Estado de Jalisco enfrentará en el próximo sexenio, de entrada, la fragilidad de su propia economía. El gobernador Enrique Alfaro no gobernará un estado rico. No tiene ingresos garantizados de antemano. La riqueza “blanda” de las participaciones federales no será tan buena. Tampoco hay impuestos suficientes. Los responsables de la hacienda pública de Jalisco han reproducido exactamente lo que hemos hecho con la naturaleza: comprometer el futuro para salir del paso mientras gobiernan. Así pues, el federalismo completo se volvió ya fiscalmente inviable y en lugar de ayudar a los propósitos comunes, los está lastrando.
De otro lado, Jalisco está hundido en la violencia criminal: una expresión inequívoca y trágica del estado que guarda nuestro Estado, que no sólo se expresa en la ineficacia de las policías sino en la del sistema judicial. El incumplimiento de la ley comienza por quien la quebranta y termina por quien la deja impune.
Y por si estos retos no bastaran para comprender la tarea que le espera al nuevo Gobernador, hay que añadir que el sistema de intermediación política (líderes, sindicatos, organizaciones, cámaras empresariales y partidos) está hecho pedazos y enconado. ¿A quién llamará el “gober” para pedirle ayuda cuando le haga falta? ¿O acaso alguien cree, de veras, que podrá hacerlo todo por sí mismo? No es posible. Ningún Estado puede gobernarse sin el respaldo de una amplia coalición capaz de compartir criterios y objetivos.
He escuchado cien veces que Enrique Alfaro será uno de los gobernadores más poderosos de la historia de Jalisco. Disiento: es ya un líder histórico y será uno de los gobernadores más legítimos, sin duda. Pero Jalisco se cocina en otras ollas. Y las que hoy tiene por donde se mire, están rotas y oxidadas.
Ayer que asumió la gubernatura de Jalisco, Enrique Alfaro llegó con un reforzado liderazgo por su amplio triunfo en las urnas y su muy reciente conquista política de sacar del tema de la seguridad a su ex adversario morenista en la contienda electoral y superdelegado, Carlos Lomelí. Pero también cargará con el pasivo de tener, al menos en el arranque de su gestión, la percepción social de que optó por un “fiscal carnal”, por el miedo a que uno que no sea de ellos los vigile. Estos dos asuntos tienen que ver con la preocupación número uno de los jaliscienses que es la escalada de violencia y de inseguridad, y que seguramente ocupará una parte sustancial de la atención del nuevo gobernador.
Bien dice la periodista, politóloga, empresaria, directora de El Andén, especialista en política Ivabelle Arroyo que: “la administración alfarista puede ser la mejor administración que haya tenido el Estado en muchas décadas y por favor no alcen la ceja. No es zalamería ni me consta que sean gobernantes sobresalientes. No. Es la constatación de que los incentivos políticos y federales están puestos para que los recién llegados, con independencia de sus capacidades y potencial de trapacerías, se comporten a niveles quizá insospechados para sí mismos”.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: