LOS NO AUTOCRÍTICOS QUE EL MUNDO NO ENTIENDE

Por Víctor Hugo Ornelas

Uno de los elementos básicos para el crecimiento y fortalecimiento de una institución es la autocrítica, y en el momento en que un Gobierno carece de ella, el efecto es a la inversa, esa administración se vuelve vulnerable, insegura y débil ante los ojos no solo de quienes sí son críticos, sino también de sus detractores y de sus gobernados.
Los funcionarios que se niegan a ver más allá del lado bonito de las cosas, simplemente desconocen su realidad y terminan por no entender en dónde están parados, como consecuencia suelen tomar decisiones poco acertadas o en ocasiones completamente equivocadas y contrarias a las necesidades que la sociedad para la cual trabajan lo demanda.
Muchos de estos servidores públicos cometen el error de creerse todos poderosos y que nada malo pasa a su alrededor, que todo va a funcionar bien y no solamente viven engañados, sino lo que es peor, optan por transmitir eso a su superior jerárquico y entonces comienzan a contagiar a medio mundo de esa sensación, que a final de cuentas genera un estado de confort bastante nocivo, pues el Gobierno, ya como un ente, se vuelve confiado, sobrado, e inútil para cumplir su función.
Es entonces cuando la institución sufre otra de las consecuencias de la carencia de autocrítica, se convierte en una institución que vive a la defensiva y piensa que los que no ven todo bonito es porque están en su contra, que son sus enemigos.
Hagan de cuenta que se enfundan en el papel de Laura Bozzo, se hacen las víctimas de toda situación habida y por haber y se ponen en un plan de divas, víctimas del universo que está conspirando contra ellos. Desde afuera se ven ridículos, pero frente a un espejo ellos se visualizan todos unos eruditos de la estrategia política, se avientan discursos que elaboran palabra por palabra y ahí es donde caen en un error garrafal, porque dejan de ser auténticos, responden pura tontería, intentan justificar todos sus argumentos, se vuelven absurdos y no les queda de otra que descalificar a todos aquel que se atreve a cuestionar, criticar o evidenciar.
Como ciudadano, es más sencillo entender los errores de un Gobierno o de sus servidores públicos cuando estos los aceptan y muestran una postura de humildad y sobre todo de intensión de enmendar el error o la equivocación en la que cayeron, por el contrario, cuando el funcionario se “monta en su macho”, (no hablamos de un asunto sexual) o sea, es terco, lo que genera en el ciudadano es coraje, enojo y animadversión.
En Tlajomulco, uno de los principales problemas es la incongruencia en la forma de pensar de algunos de sus funcionarios, estos sienten que pertenecen a la elite mundial y se contonean de un lado a otro de su edificio -porque creen que es suyo-, con una frivolidad tal que pareciera que forman parte de la realeza inglesa, la corte celestial o la parte más alta del olimpo, mientras que, en contraste, para ellos Tlajomulco sigue siendo un pueblo y por lo tanto tratan a sus ciudadanos como tal.
Me ha tocado escuchar a servidores públicos que se encuentran dentro del CAT y dicen algo así como: “Voy a ir a la cabecera”, eso deja en evidencia que de verdad sienten que están en otro nivel, no son capaces de ir a platicar con los ciudadanos, de escucharlos y de entenderlos, eso sí, se pasean junto al Presidente en los desfiles y todavía tienen el descaro de sonreír y levantar su manita para saludar a la gente, o sea, hacen lo que la reina de las fiestas patrias pero con una diferencia, la reina al menos avienta dulces, “galanea” con uno que otro y en resumidas cuentas, la gente la conoce, mientras que estos hijos de “Güicho Domínguez” no convencen a nadie y en algunos casos son hasta mal recibidos en los negocios de los alrededores, eso ya es penoso, pero cierto, hay comerciantes que prefieren no tener ese ingreso que atender a algunos funcionarios con complejo de superioridad, que a veces me hacen pensar que si pudieran, se besarían a ellos mismos.
Estamos a unas semanas de que concluya el año, sería buen momento entonces para que ya muchos agarren la onda de que el inicio de la administración ya pasó, para que se desempolven de sus oficinas y salgan a la calle a presentarse con la gente, los regidores no están para decir que su puerta está abierta, ellos deben de ir a tocar la puerta de la gente para saber qué necesita, qué espera y qué piensa de su gobierno, solo así lograrán una autentica representación.
Los directores de área deben de ir a presentarse con el sector al que sirven, no es posible que los comerciantes no sepan quién está al frente del área de licencias o quién en comercio en espacios abiertos, no puede ser posible que los hoteleros del municipio no conozcan el plan que tiene la dirección de turismo para el 2019, que no haya una agenda de reunión con inversionistas de gran calado o que el titular de movilidad no platique con los propietarios de mototaxis y concesionarios del transporte público para resolver el caos en las calles de la cabecera.
Tienen que darse cuenta dónde están y cómo llegaron, dejar el recreo en el que se convierte su inicio de gobierno, dejar las fiestas, dejar de emborracharse, de exhibirse, es el tiempo adecuado para que se pongan a trabajar y se puedan convertir en esa opción que dicen ser ante los fracasos “probados” de otros partidos, de lo contrario, en unos años esa será la palabra que describa su paso por la administración pública.

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