Un desquicio de cabecera

Por Víctor Hugo Ornelas

El centro de Tlajomulco presenta conflictos que en otros municipios han sido los principales temas a resolver para mejorar la calidad de vida de sus habitantes



La Cabecera Municipal de Tlajomulco se ha tornado en una jungla urbana agresiva para sus habitantes y visitantes, no importa si estos caminan, circulan en bicicleta, moto o automóvil, el centro del municipio es un espacio que evidentemente carece de orden en todos los aspectos y donde las normas se violan de manera sistemática.
El comercio informal se ha desbordado en los últimos años, actualmente la plaza Eugenio Zúñiga alberga más de 35 puestos que pasaron del ambulantaje al comercio semi fijo y ahora se mantienen como negocios establecidos cuyos propietarios demandan “derechos adquiridos”, pues se les permitió mantenerse en este sitio que durante 2010, bajo la administración de Enrique Alfaro, atravesó por un proceso de ordenamiento en el que el mandato era permitir menos de una docena de comercios y solo aquellos que ofertaran productos típicos como fruta, flores, elotes y artesanía.
Quienes se han instalado en la plaza mencionada, aseguran haber pagado permisos a las autoridades municipales para operar y defienden sus espacios al ser estos la fuente de la economía de sus familias.

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Pero el desordenado crecimiento del comercio informal, no es el único elemento en la plaza pública de la Cabecera que además de afectar la imagen urbana, rompe con la armonía que un espacio como este puede representar para sus habitantes. El primer cuadro se mantiene como un lugar exclusivo, la plaza la emplean como estacionamiento gratuito para algunos, el ingreso a la misma es controlado por un servidor público en base a las órdenes que recibe de sus superiores, así entonces, vehículos y motocicletas circulan en esta plancha de concreto supuestamente peatonal.
La movilidad representa un punto débil que se extiende por toda la sede en la que se encuentra el gobierno municipal, donde calles como Flaviano Ramos, Alcalde y Juárez, son utilizadas como estacionamiento en ambos costados de la calle y vialidades como Vallarta, Constitución y Porfirio Díaz, son acaparadas por el transporte público, donde incluso opera una terminal sin la licencia correspondiente.
A pesar de que Tlajomulco se convirtió en un municipio pionero en el Área Metropolitana en cuanto a la habilitación de ciclovías se refiere, el respeto de las mismas se encuentra lejano a ser un asunto para presumir, estas carecen de mantenimiento en el balizamiento, son invadidas por vehículos en circulación y en algunos casos, son bloqueadas por autos cuyos conductores no tienen reparo en estacionarse sobre ellas.
Las situaciones anteriormente descritas planteaban ser atendidas mediante la implementación de una policía turística, un proyecto que jamás se cristalizó y se limitó a la presencia de algunos elementos de seguridad pública comisionados a vigilar algunos cruces peligrosos y la plaza pública, aunque actualmente ya no mantienen presencia.
Con la remodelación de la Plaza Juárez, se proyectaba que esta tuviera una vocación recreativa y que pudiera ser disfrutada por los habitantes y visitantes del centro de Tlajomulco, según lo señaló el Gobernador del Estado, Aristóteles Sandoval, durante el evento de inauguración de las obras, pero distante a ello, cada vez son más los automóviles que tienen acceso a la misma y acaparan parte del corredor que une la calle Juárez en sus extremos sur y norte.
Para atender el problema en las calles, la Secretaría de Movilidad había destinado a dos elementos que tenían como principal objetivo el establecer orden en lo que se refiere a transporte público y evitar el uso de ambos extremos de las calles como estacionamiento, aunque el gusto duró menos de un mes y a la fecha el municipio no ha implementado alguna medida que sustituya esa intervención.
El caos que impera en las calles de la cabecera municipal parece requerir de una intervención integral que gobiernos de Movimiento Ciudadano han aplicado en otras demarcaciones con programas como banquetas libres, aquí hay lugar y el ordenamiento del comercio, sin embargo las condiciones que presenta el municipio de Tlajomulco parecen ser distintas, pues las normas sucumben ante los usos y costumbres del centro de uno de los municipios metropolitanos que mayor crecimiento poblacional registra en las últimas dos décadas, pero que entre los propios funcionarios de su gobierno, carga con el estigma de pueblo y se le sigue tratando como tal.

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