REFUNDACIÓN DE JALISCO

Por Quirino Velázquez 

Tiempo de contar…

“Se tienen que pensar que hace falta una Refundación… porque los instrumentos que nos valieron entonces hoy están superados y hacen falta otros más abiertos, democráticos y diversos” -Santiago Carrillo-

REFUNDACIÓN DE JALISCO

Implacable, el cronograma de la Refundación de Jalisco está en ciernes. Este pasado miércoles 25 de los corrientes, tomaron protesta de ley los Diputados Locales de la LXII Legislatura del Congreso del Estado –entre ellos Gerardo Quirino Velazquez Diputado de Tlajomulco– y así se avanza inexorablemente hacia su inicio formal.
Desde el arranque de su campaña, el hoy Gobernador electo, Enrique Alfaro Ramírez, planteó la Refundación de Jalisco y “romper con el viejo sistema político” por la vía pacífica “para construir un nuevo orden institucional”. Según explicó, con la Refundación existirá una nueva relación entre los poderes públicos “con verdadera autonomía y respeto”, y con ello se podrá “replantear y hacer respetar el pacto federal que une a México como un País republicano y democrático”.
Recuerdo aquel emotivo discurso de Alfaro Ramírez al arranque de su campaña electoral en el advirtió a la federación que habrá una agenda de coordinación, pero “que quede claro y que se escuche hasta la Ciudad de México: nunca más un Jalisco ignorado, ninguneado por el gobierno federal, ni un gobernador arrodillado y sometido por el presidente de la república”. El proyecto de Refundación del próximo Gobernador lo contempla “sin demagogia”. El virtual gobernador del Estado ha informado que ya está lista la ruta jurídica que se seguirá para la Refundación del Estado y que la elaboración de está fue encomendada al académico Luis Aguilar de la UdG.
Refundar tiene dos acepciones, de acuerdo con la Real Academia Española: la obvia –volver a fundar algo– y, la segunda, revisar la marcha de una institución o entidad, para hacerla volver a sus principios originales o para adaptar éstos a los nuevos tiempos. Es decir, para la Academia, refundar es un concepto que se mueve entre dos tiempos, el pasado y el futuro. Tiene una dimensión de vuelta atrás –recuperar los principios originales– y otra de escape al futuro –adaptar a los nuevos tiempos–. Esta segunda acepción es la más compatible con lo que puede propiciar un Gobierno.
En la pasada campaña electoral se sostuvo que refundar es, algo así, como redefinir las relaciones entre los gobiernos y la sociedad, y entre los poderes. Por lo que he leído y escuchado del propio Gobernador electo, refundar significa un nuevo acuerdo o pacto social. Se aleja del reformismo por su ambición, pero se asume más conservador que la ruptura. Una especie de tercera vía entre los cambios graduales que supone el reformismo y la estridencia que implica la ruptura con el sistema. Suena bien el debate, pero quedan dudas. Aquí expongo tres.
La primera, qué nos garantiza, como sociedad, que la Refundación que promete el próximo Gobernador no es un mero reacomodo de élites. Es decir, qué garantiza, más allá de los buzones de sugerencias para que los ciudadanos expresen su opinión, que la Refundación vendrá desde la sociedad misma y que todos cabrán en el nuevo pacto social. Jalisco ha estado lleno por décadas de “grandes alianzas”, “pactos”, “supuestos consensos”. Y, al final, eran simples actos histriónicos de los gobernantes, en acuerdo con los poderes más influyentes del Estado –sindicatos, empresarios, universidades, etc,–, para instaurar el “gatopardismo” como apuesta velada, simula que quieres cambiar todo como coartada para proteger el estatus quo. Ejercicios de simulación que sólo buscaban representar los intereses de unos cuantos, excluyendo a la ciudadanía en su conjunto.
Cualquier apuesta de transformación institucional, sea refundación, redefinición o reestructuración –como le queramos llamar– sólo tiene sentido si es respaldada por amplias capas de la sociedad civil. No sólo de las organizaciones sociales más reconocidas, sino también de los vecinos, los pueblos, las comunidades, los indígenas, las minorías discriminadas, las mujeres, los jóvenes. No hay “Refundación” como tal, si el acuerdo no nace en la sociedad. El pacto entre élites se desmorona en un instante.
Segundo, qué mecanismo le dará legitimidad al proceso de refundación. Y es aquí donde percibo las ausencias más notables. Empero, el instrumento lo es todo. Si detrás de la propuesta de refundación existe la idea de un constituyente, ¿quiénes los integrarían? ¿cómo lo harán representativo? ¿habrá un referéndum posterior al constituyente para ratificar los acuerdos? El instrumento para validar el proceso de refundación no es una nimiedad, sino que determina la eficacia y la legitimidad presente y futura del cambio. Un ejercicio de reformismo –enviar iniciativas al Congreso– no tendría nada que ver con el concepto Refundación. El reformismo fue la estrategia de Peña Nieto, por ejemplo.
Y tercero, hay algo que podemos dar por un hecho: Enrique Alfaro ni MC podrá reformar la Constitución y Refundar Jalisco sin aliados. Tendrá que buscan consensos con las distintas fuerzas políticas y desde luego con la sociedad misma y algún otro compañero de viaje.
Bien lo decía el político y periodista español Santiago Carrillo: “Se tienen que pensar que hace falta una Refundación… porque los instrumentos que nos valieron entonces hoy están superados y hacen falta otros más abiertos, democráticos y diversos” -Santiago Carrillo-

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