Las consultas populares

Por Aarón Estrada

El 25 de septiembre de 2011 fue un día histórico en Tlajomulco, por primera ocasión en México, un funcionario de elección popular era sometido a una consulta de ratificación de mandato, a mitad de su periodo de gobierno. Enrique Alfaro Ramírez como alcalde tlajomulquense se sometía a ese proceso, el cual era vigilado por organismos de la sociedad civil, representantes de los poderes legislativos, cuyo marco jurídico para realizarlo, se dio en modificar el reglamento municipal, para que este contemplara dicho ejercicio.
Era domingo, estaban convocados a participar en esa consulta de ratificación de mandato más de 141 mil ciudadanos de Tlajomulco con credencial de elector vigente, en mesas receptoras instaladas en 30 puntos del municipio, donde al cierre de la jornada, participaron 17 mil 592 ciudadanos el equivalente a más del 10 por ciento de la lista nominal de elector vigente en ese año. De los cuales, el 95.18 por ciento dio su voto por aprobar el gobierno que encabezaba Alfaro Ramírez y sólo menos del 3 por ciento, dijo no a la aprobación de esa administración y 1.8 por ciento de los consultados anuló su boleta.
Con el 10 por ciento del padrón electoral, Enrique Alfaro amaneció el lunes 26 de septiembre de 2011 como el primer presidente municipal en México, ratificado en una consulta a mitad de su administración municipal. Sin aval de alguna institución electoral, pero si mediante una normativa local.
Antes, durante y después del proceso de ratificación de mandato de Enrique Alfaro en 2011, distintas voces de la opinión pública y de expertos en materia de democracia participativa, criticaron dicha consulta popular en Tlajomulco, hubo señalamientos sin sentido peyorativos hacía ese proceso “demagogos”, “sin criterio, “sin autoridad”, “sin legitimidad”, fueron las voces comunes ante esas críticas. Pocas opiniones vieron a bien, que se desarrollara un ejercicio de democracia participativa de esa magnitud, promovido por el propio alcalde, pocos celebramos el hecho de un proceso diferente, tenía sus detalles técnicos, pero la legitimidad se la otorgó los casi 18 mil electores que participamos.
Ahora siete años después, sucede un proceso de consulta pública nacional histórico en México, el equipo de transición del presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador -aún mes antes de iniciar su administración- con un consejo técnico de académicos e instituciones de educación superior como el Instituto Politécnico Nacional (IPN), somete a consulta, cual es la opción más adecuada para enfrentar la saturación que padece el actual Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, con dos respuestas, la primera es continuar el proyecto de un nuevo aeropuerto en Texcoco y la segunda opción es hacer dos nuevas pistas en la terminal área militar de Santa Lucía, ampliar la de Toluca y continuar usando el actual aeropuerto.
La consulta que comenzó ayer jueves 25 de octubre y continuará este viernes 26, mañana sábado 27 y domingo 28 de octubre, cuenta con la instalación de mil 275 mesas receptoras de votos, de las cuales ocho se instalaron en Tlajomulco, teniendo como finalidad escuchar a los ciudadanos sobre el destino de ese proyecto aeroportuario, donde la federación debe invertir más de 90 mil millones de pesos en un lapso de seis años, con el riesgo de que incremente dicha inversión pública, junto con inversión privada.
El principal argumento usado contra esta consulta es que carece de parcialidad, porque no es ejecutada por una institución electoral, en este caso no hay presencia del Instituto Nacional Electoral (INE), otras voces de expertos financieros, critica que se le pregunte a los ciudadanos -al pueblo- sobre los destinos de un proyecto específico de aeronáutica civil, inversión económica, al considerar que el pueblo no es experto de un tema que lleva consigo miles de millones de pesos en juego.
Otros critican de “populista” dicha consulta, la cual además ha comenzado a espantar el mercado internacional, con altas contundentes del peso frente al dólar en el tipo de cambio, la especulación de los mercados, sobre “el riesgo” que representa el que se eche abajo el proyecto sexenal del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, ha sido la principal crítica económica a esa consulta. A propósito de estos, Andrés Manuel López Obrador, en su visita a Jalisco el martes pasado, dejó en claro que no hay ningún riesgo, partiendo de que los inversionistas del actual proyecto, tendrá en el respaldo del Gobierno Federal próximo, en caso de que “el pueblo” decida sobre la cancelación de ese proyecto en dicha consulta, además invitó a todos los ciudadanos a participar en ese ejercicio de democracia participativa, sin menospreciar a ninguna de las dos opciones que se han puesto en la boleta.
Desde su campaña en 2006, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) ha insistido en catar la voluntad popular, ha dicho en miles de ocasiones la frase “el pueblo es sabio”, en ese contexto es que se ha enfocado en desarrollar consultas públicas, para diversos temas que atañen a la población en general. Uno de ellos, e importante es este proyecto aeroportuario. Se podrá criticar de todo en esta consulta, la metodología, la técnica, quienes encabezan las mesas receptoras, que todos son afines a AMLO, al partido del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), pero lo que es inadmisible es que las voces de “expertos” consideren que la mayoría de los mexicanos son idiotas para opinar de esos temas y que lo del próximo presidente de México, demuestra un gobierno democrático, eliminando todo tipo de fantasmas de autoritarismo.
No se trata de estar en favor de AMLO, en esta consulta pública, se trata de estar en favor de estos ejercicios de democracia participativa, al igual que en septiembre de 2011 no se trataba de estar con Alfaro, sino de estar a favor de estos ejercicios, que por incipientes que sean deben ser bien recibidos en un País cuyos ciudadanos gritan una mejor democracia y ser escuchados siempre por su gobierno. Bien por Alfaro en comenzar con esto y bien por AMLO en llevarlo al escenario nacional, aunque no guste a muchos, son cambios favorables. ¡Sí a las consultas populares!

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