Cuando la prensa se equivoca

Por Víctor Hugo Ornelas

El trabajo de los medios de comunicación en una sociedad es trascendental en diversos aspectos, en las páginas de los periódicos, estaciones de radio y canales de televisión existe una responsabilidad que va más allá de brindar información a los lectores, radioescuchas y televidentes.
Los medios de comunicación deben tener a la gente al tanto de lo que ocurre en el mundo, en el País, en sus Estados, Municipios y de ser posible en sus colonias y calles, pues en la medida que los medios se acerquen a la ciudadanía, estarán entonces cumpliendo ese principio básico de convertirse en el canal por medio del cual alguien puede levantar la voz.
Aunque los medios son un negocio privado, estos deben fungir como una herramienta para la ciudadanía, y por supuesto, la labor que ofrecen no deja de ser un servicio, servicio que debe tener como primer objetivo el ciudadano, y cuando no es así, es cuando entonces comienzan a equivocarse.
A lo que voy, es que en recientes fechas, las manifestaciones contra los Gobiernos no se quedan solamente en el repudio social hacia la clase política, sino que en ocasiones, y cada vez de manera más recurrente, existe un reclamo por parte de los ciudadanos hacia algunas televisoras o medios impresos, pues hay molestia por la postura que estos suelen tomar, y que diversos sectores consideran que se inclina a favor de quienes se encuentran en el poder.
El error que cometemos los reporteros, periodistas, jefes de información, directores y dueños de estos medios, es el mismo que cometen nuestros gobernantes ante potencias como Estados Unidos, pues generan una especie de respeto que los va convirtiendo en la servidumbre del poderoso.
En ocasiones, en el afán de quedar bien con quienes gobiernan, los medios suelen perder claridad y dejan de pensar como el sector que, en teoría, deben representar en una rueda de prensa, dejan de pensar como el ciudadano, y eso es entonces un error gravísimo, pues si uno no acude a un informe gubernamental con el conocimiento sobre lo que ocurre afuera de las oficinas, la información que pueda brindar quedará inconclusa y solamente estará reflejando lo que pasa desde uno solo de los lados de la historia, y por lo tanto, habrá parcialidad y eso es algo que a nadie conviene.
Y digo que a nadie conviene porque el ciudadano no tendrá en sus manos la información necesaria para emitir un juicio adecuado de lo que ocurre, por otro lado, el medio quedará mal posicionado con esos sectores críticos y que buscan la información más allá de un solo canal o las páginas de un periódico, y más aún, tampoco conviene al propio Gobierno a largo plazo, pues aunque de momento podría quedar mediáticamente bien visto, estaremos hablando solamente de algo así como el maquillaje que cubre las imperfecciones de un rostro que no siempre podrá estar maquillado y que el día que lo veamos tal cual es, entonces nos llevaremos una gran sorpresa.
En otras palabras, el Gobierno también necesita esa postura crítica por parte de alguien, alguien que les señale sus errores y no solamente les pinte el mundo color de rosa, cosa que hacen perfectamente los lambiscones de los cuales se rodean, esos grupos que le aseguran que todo está bien y todo lo que hacen es perfecto; cosa más alejada de la realidad, porque en la calle, en el mundo en el que vivimos, para los gobernados las cosas no son como las pintan en las oficinas gubernamentales, lo que ocurre en la calle suele ser ignorado por los gobiernos distantes, por los funcionarios desinteresados, carentes de compromiso, y de esa manera es muy complicado cambiar o arreglar las cosas.
En resumidas cuentas, el enojo de algún sector de la población hacia los medios de comunicación tiene toda razón de ser cuando llegan historias como la de Paulette, Florance Cassez o recientemente Frida, una niña que se convirtió en símbolo de esperanza y resultó que la jovencita ni siquiera existía, momentos que lo único que logran es que perdamos credibilidad porque hemos decidido buscar la noticia en declaraciones, oficinas de Gobierno y no en la calle.
Como ciudadanos, lo que se puede hacer es pedir espacio, denunciar y exigir ser escuchados para convertir a los medios en ese portavoz que debe ser, y sobre todo entender que todo esto se encuentra en nuestras manos, pero que nada va a cambiar si solamente nos quejamos desde nuestros sillones frente a la televisión o haciendo publicaciones en redes sociales.

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