Sólo por hoy

Por Blanca Bravo

¿Cómo está usted mi muy telúrico y trepidante Tlajomulca? ¿Qué tal oscila su vida entre saltos y “jondeos”? ¿Cómo enfrenta nuestra jodidísima realidad “jalisquilla”? ¿Cómo nuestro escenario mexicano?
México, nuestro México… nuestro Jalisco… nuestro Tlajomulco. Toda nuestra tierra voluptuosa y sangrante; hecha girones de seda que ondea entre niebla rosada; la “pink mist” que los gringos sólo ven en “pelis” o documentales; su orgullo cuando sale de la cabeza de su enemigo en el campo de guerra y el pan de cada día de nuestros niños-hombres en nuestras calles.
Nuestro país donde llueve sobre mojado y cae dos veces el mismo rayo; donde tiembla luego de un simulacro de temblor y dónde andan de gira con aire acondicionado los cadáveres saldo de la violencia cotidiana. Nuestra tierra donde se muere la mujer por ser mujer, donde deshace a ráfagas de metralla al afamado de honrado y dónde se rinde pleitesía al famoso por “ojete”. Nuestro hogar donde se violentan niños y niñas y se “culimpina” uno ante el “violentador”.
¡Hay México me dueles un chingo! Tus llagas me supuran verdad; tus mutilaciones me paralizan y tu sangre no me deja ver. Nado entre excretas de gobiernos donde sólo un par de flores flotan casi en soledad. Estoy cansada. A veces me quiero rendir. A veces me quiero vomitar. Muchas veces escupo la frase de “raza de bronce” o “raza azteca”. Pinches frases apodadas desde afuera, desde los otros, desde los colonizadores, desde los que explotan y chupan como sanguijuelas. No somos una raza; somos un todo hecho de cachitos de muerto con células que luchan por persistir en la vida. A veces, somos más un cáncer que otra cosa; más caos que orden… ¿será ese el destino “natural” de nuestro cuerpo patrio?
El pecho arde en la más que tibia hemorragia interna, esa que luego llaman “tener un hueco en el estómago” o “tener el corazón en la boca”. ¿Lo han sentido? Es como dicen los intelectuales: la pregunta ontológica: “No me hallo”. Soy de aquí, pero, a veces, no pertenezco. Quiero tirarme al piso, hacerme rosquita, mecerme y llorar.
Hoy no cerraré con algo motivador; con algo retador, aclarante… ni siquiera con algo con cierta energía. No tengo nada; hoy soy desierto seco, estepa de pasión.
El día de hoy estoy desesperanzada: me doy permiso por 24 horas de poliodiar, de no tener fuerza y de estar decepcionada de casi todos. Un día y una noche de estar encorajinada a muerte con quien no hace su deber como debe; su labor con laboriosidad y su existencia con dignidad moral.
Estamos dilapidando la vida a lo tarugo; la vida del planeta, del país, del estado y del municipio…
“Empuercamos” la vida de nuestros niños, defecamos en su prístina pureza; criamos (y creamos) jóvenes de caricatura mala donde todos piensan que no mueren, donde te cae un yunque y resucitas como acordeón y, luego, donde La Santa te esquivará las balas en tu súper motoneta y tampoco morirás.
Pero, por hoy, haga usted lo que quiera, lo que le venga en gana… Por hoy no quiero saber usted qué opina.

blanca

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