Suicidio zopiloteando

Por Blanca Bravo

¿Qué tal le anda yendo mi querido y querida Tlajomulcas? ¿Cómo marcha su vidita o vida? No digo “vidota” así como grande y plena porque pocos consideran su vida como una “gran vida”. Y es que eso de “darse la gran vida” se relaciona casi siempre a los excesos de placeres materiales y la escapada de las obligaciones laborales ¿O que no? Casi nadie considera que se da la gran vida en la mansedumbre de la cotidianidad, en la mesura de lo necesario y en los goces de lo inmaterial. “Pero, mas, sin embargo”, creo yo, que ya el simple hecho de vivir –con sus respectivos asegunes- es un privilegio.
Unos días atrás, se conmemoró el Día de la prevención del suicidio. Diferentes medios tocaron el tema desde diferentes puntos de vista. Hubo el que dijo que se “celebraba el Día del suicidio” y casi que le daban ganas a uno de decir “zafo yo no le entro”. Otros, atinadamente, llamaban a pedir ayuda en caso de sentirse “solos”, “desesperanzados”, “deprimidos”… todos coincidían en que tener con quien hablar ayudaba.
Amigo… amiga ¿usted tiene CON QUIEN HABLAR? No con quien “morder” al prójimo (deporte nacional); no con quien quejarse de los hijos piojosos, del marido borracho, de la vecina fodonga o de la “chinga’ ” suegra molona (y si usted es la suegra de la nuera que no atiende a su retoñito de subinché). ¿Tiene usted a alguien con quien ser USTED?
Según muchos pensadores, que claro que lo que hacen es pensar y puede que sus “piensos” anden “meando fuera del tiesto” pero, a veces tienen razón; todos, en cierta edad, empezamos a necesitar de un mentor: alguien que sea nuestro escucha y nuestro “oriente” pa’ darnos un “norte”.
En la antigüedad este papel lo jugaba en anciano de la tribu o el hombre más viejo de la familia. Hoy en día, en grupos de autoayuda, esto sería el padrino, en terapia sería el Psicólogo o Psiquiatra.
Pero volvamos a nuestro asunto: el chiste es no morirse de congestión de problemas. Y es que eso de matarse no se resume en el dilema pseudofilosófico de si es valentía o cobardía… acabar con la propia vida es un asunto tan serio como irreparable; no hay paso atrás ni vuelta de hoja. Por más que el ser humano a través de la historia quiso tener control sobre el fenómeno del suicidio con medidas punitivas esto nomás le peló los dientes a la pelona que presurosa se cargaba a sus víctimas igual si fueron “matadas” desde afuera o desde adentro. Las religiones y las autoridades castigaron: sin santa sepultura, quemándolos, sacándolos de sus casas por las ventanas y dejándolos pudrir entre el estiércol y oiga usted: hasta imponiendo cárcel a los suicidas. Pero, la verdad es que poco le importa a un ser humano cansado de vivir su insoportable existencia si entrará a los cielos o quedará en las excretas del ganado.
Una persona con problemas que no puede manejar – aun cuando para otros sean “pan comido”- es un ser sin herramientas (no hablo de eutanasia). Poco se ha trabajado en nuestro país para solventar este problema de salud. Existen instancias que dan ayuda en crisis, personal o telefónica, pero saben a poco cuando el ser humano hundido no puede ni moverse para tender la mano por ayuda. Arduo es el trabajo que está pendiente por parte de todos nosotros. Las autoridades de salud entrantes que lucen con mayor interés por el tema, trabajando en campañas de atención, prevención y concientización de la población por un lado y por el otro, nosotros “burros cabezones” que seguimos dando consejos idiotas como: “Échale ganas”, “Ofréceselo a Dios”, “Hay que agradecer que aunque sea tenemos salud” o el clásico “Hay gente que está pior”.
Amigos el suicidio es un problema de salud mental detonado por causas bioquímicas y por este jodidísimo sistema socio-político-económico. Si nos revolotean los zopilotes de la idea de quitarnos la vida busquemos ayuda. Si conocemos a alguien con esas ideas no lo tildemos de protagonista, exagerado o falso. ¡Ayudémoslo! ¿O usted qué opina?

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