LOS SÚPER DELEGADOS DEL GOBIERNO FEDERAL

Por Quirino Velázquez 

Tiempo de contar…

“El próximo presidente de la República ha anunciado la creación de la figura de “súper delegados”, que algunos no han dudado en llamar “virreyes” o “procónsules”. Se ha señalado de distintas formas el peligro que entraña esta propuesta: La concentración de poder y recursos en una sola persona, la partidización de los perfiles encargados de esta tarea, la discrecionalidad y politización de los programas federales y, desde luego, el carácter extralegal y antifederalista de la figura.” -Clemente Castañeda Hoeflich-

LOS SÚPER DELEGADOS DEL
GOBIERNO FEDERAL

De todas las iniciativas que ha anunciado el Presidente electo Andrés Manuel López Obrador para la próxima administración, la que ha provocado mayores acusaciones de autoritarismo es la de los 32 Delegados Especiales (súper delegados) que habrá, uno en cada estado, en representación del Gobierno Federal.
Muchos dicen y en parte estoy de acuerdo que no es un error concentrar delegaciones. Hoy, en muchos estados, existe un número injustificable de Delegados Federales. Son posiciones que en ocasiones sirven para colocar a personajes cercanos a Secretarios de Estado u otros funcionarios, en otras para llegar a acuerdos o marcar diferencias con los Gobernadores. Hay, evidentemente, excesos en el uso de esas figuras. Concentrar las delegaciones en una sola persona quizás es demasiado, pero no es una mala decisión. Los problemas surgen cuando se profundiza en quiénes son y lo que harán esos Delegados.
Para empezar, el ahorro es relativo, ya que cada uno de ellos tendrá ocho subdelegados trabajando, así que estamos hablando de una estructura de Delegados y subdelegados de casi 300 personas.
El segundo problema son las atribuciones: según eso, tienen la órdenes de que todos los recursos federales que se vayan dirigir a las entidades federativas pasen exclusivamente por sus manos y que “no lo toque” Gobernador o Alcalde alguno, lo que lisa y llanamente los convierte en un poder alterno en cada estado, con la diferencia de que a los Gobernadores, buenos, malos o regulares, los eligió la ciudadanía por voto directo y a los Delegados sólo el Presidente de la República. Ese mandato se profundiza porque, como les dijo el pasado sábado López Obrador, también deberán buscar a los mandos militares y policiales federales en las entidades y coordinarán con ellos las tareas de seguridad.
Ha habido abusos, sin duda, con el manejo estatal de los recursos federales, en muchos, más bien diría en demasiados casos (sobre todo gobernadores priistas). También ha habido problemas de seguridad que se han agudizado simplemente porque algunos Gobernadores y Alcaldes no cumplen con su responsabilidad, incluyendo su resistencia a coordinarse adecuadamente con las fuerzas federales. Pero existen instancias de gobierno para controlar ese desempeño. Imponer súper Delegados, autoridades de facto, que no fueron electas no es una solución, en realidad ello puede aumentar el problema en proporciones mayúsculas, porque esos Delegados no responderán más que al propio López Obrador.
Pero el mayor problema es quiénes serán esos súper delegados: todos ellos son dirigentes locales de Morena o los candidatos o precandidatos de Morena que perdieron las pasadas elecciones o aspiran a ganar los próximos comicios. Ahí está, como clarísimo ejemplo de ese perfil, en el estado de México, la excandidata a gobernadora (perdedora) Delfina Gómez; en Nuevo León, Judith Díaz; en Jalisco, el ex candidato a gobernador (perdedor) Dr. Carlos Lomelí Bolaños; en Yucatán, Joaquín Díaz Mena; en Guerrero, Pablo Sandoval, también excandidato a gobernador; Lorena Cuéllar, excandidata en Tlaxcala. Los ya famosos súper Delegados sin duda representan una estructura electoral que se refrenda por el hecho de que el coordinador de Delegados es el principal operador electoral de Morena y exsecretario de Organización del partido, Gabriel García Hernández.
La idea se descifra sencillamente: asegurar, vía recursos federales y control sobre fuerzas de seguridad, el control de los estados por encima de las autoridades locales. Se podrá argumentar que los actuales Delegados también tienen poder, recursos y espacios. Pero la verdad es que se trata de un poder fraccionado y dependiente de los Gobernadores. Pero algo es más importante aún: por norma, no son nativos de ese estado o no tienen ambiciones político-electorales en él, precisamente para no vulnerar el poder local. Ése era el mérito de un esquema que luego tuvo deformidades, pero que sigue siendo válido. Los Delegados federales en las entidades federativas no pueden competir electoral y políticamente con los Gobernadores. No pueden tener aspiraciones en el mismo estado en el que están cumpliendo su labor porque estarán, en los hechos, todo el tiempo en campaña. No habría problema alguno si el Dr. Carlos Lomelí es Delegada en Tamaulipas, pero si lo es en el Estado de Jalisco, donde fue candidato a gobernador y aspira a volver a serlo y también ya lo apuntan para competir por la alcaldía de Zapopan dentro de tres años, es inevitable que su labor sea vista como electoral. Y lo mismo sucede en todos los casos.
Todos los gobernadores, en mayor o menor medida (en particular Enrique Alfaro de Jalisco y Javier Corral de Chihuahua), han tomado con mucho recelo esta decisión porque, además, en muchos casos tendrán Congresos con mayoría de Morena (no es el caso de Jalisco) que les imponen una limitación aún mayor. Pero a eso hay que sumarle que a los Estados les llegarán, si ese programa llega a cumplirse, los Secretarios de Estado y Directores de las dependencias federales que se plantea que sean descentralizadas.
El gobierno de López Obrador recibió un mandato popular en las urnas que se debe respetar, pero ello no implica arrasar con los otros poderes o con la soberanía de los Estados que forman el pacto federal. Y eso se aplica al Legislativo y al Judicial, pero también a Gobernadores y Presidentes Municipales. La figura de los delegados plenipotenciarios está vulnerando ese equilibrio de poderes y la soberanía estatal necesaria e imprescindible, para la estabilidad democrática.
Bien lo dice el Senador electo por Jalisco del partido MC Clemente Castañeda Hoeflich: “El próximo presidente de la República ha anunciado la creación de la figura de “súper delegados”, que algunos no han dudado en llamar “virreyes” o “procónsules”. Se ha señalado de distintas formas el peligro que entraña esta propuesta: La concentración de poder y recursos en una sola persona, la partidización de los perfiles encargados de esta tarea, la discrecionalidad y politización de los programas federales y, desde luego, el carácter extralegal y antifederalista de la figura.”.

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