La importancia de la palabra

Por Quirino Velázquez 

Tiempo de contar…

“Las palabras son el arma fundamental de la política. Es a través de la palabra que se construye el diálogo y se elaboran los discursos. Palabra por palabra, frase por frase, se modelan las ideas, se establece una determinada narrativa, se defienden los principios, se sostienen los credos. Sin la palabra no existiría espacio público. Es la palabra y el diálogo lo que construye el ágora” -María Marván Laborde-

LA IMPORTANCIA DE LA PALABRA

Para algunos las palabras no son más que sonidos que emergen de su boca; sin embargo, para otros representan el significado de su vida misma, su honor, su honra, su valor como seres humanos.
La palabra como tal le da un significado a la existencia del hombre. Es la imagen de su ser interior, ésta es el resultado de la dinámica de sus diálogos internos.
En sus inicios sociales la interacción de los seres humanos se fundamentaba tan solo en ella, en la PALABRA. Así adquirió valor como promesa, juramento, compromiso, deber, pacto, convenio, solo ella sostenida reinos, alianzas, pactos, acuerdo etc., en fin, la palabra regía el destino de los hombres.
Así surgieron frases como: ¡Te doy mi palabra! ¡Mi palabra es mi honor!, etc. Este valor y significado se ha ido perdiendo cada día y las consecuencias es la pérdida de CONFIANZA.
En ese sentido, las épocas de la historia se definen a partir de las ideas que sostienen, las campañas políticas se construyen a partir de discursos. Los grandes pensadores viven a través de su obra escrita; a los grandes líderes los recordamos por lo que dicen y por cómo lo dicen.
La vehemencia de la persona que habla en público cuando es capaz de transmitir un mensaje de sinceridad, de honestidad, de empatía, acaba por convertirse en un líder que arrastra, que establece estándares entre lo aceptable y lo inaceptable, convence, aglutina, forma comunidad o, por el contrario, desincentiva, divide, cierra espacios de diálogo, debilita el tejido social. Importa lo que se dice, importa cómo se dice e importa frente a quién se dice.
Sin embargo y, por otra parte, después de los ciudadanos, las víctimas más frecuentes de los políticos son sus palabras. En boca de los políticos las palabras sufren de un terrible fenómeno de vaciamiento, pierden su significado para convertirse en vulgares insultos o lugares comunes ausentes de sentido. El expanista hoy priista Javier Lozano llama a Anaya “joven dictador” porque le parece que es una buena puntada. El candidato José Antonio Meade dice que Javier Corral, es un gobernador que tortura, sin aportar una sola prueba de ello, solo porque le parece que esa acusación abona al desprestigio del enemigo político.
Evacuar las palabras, vaciarlas de sentido para convertirlas en caja de resonancia de sus propios egos, ha sido la peor herencia de la clase política. Recuperar la ética de la política pasa en gran medida por recuperar el valor de la palabra. Honrar la palabra, como les gusta decir pomposamente a los políticos, no es solo cumplir con lo que prometen sino comprometerse con lo que dicen, darle valor al significado de las palabras.
La relación política es basada en dos características básicas: SOLICITUDES Y PROMESAS, estas son el verdadero fundamento de la interacción. A menor número de cumplimientos de promesas, menor confianza. Recuerden los políticos que promesas no cumplidas a nosotros mismos y a los demás, le restan seguridad y confianza.
Bien lo dice la politóloga y socióloga mexicana María Marván Laborde: “Las palabras son el arma fundamental de la política. Es a través de la palabra que se construye el diálogo y se elaboran los discursos. Palabra por palabra, frase por frase, se modelan las ideas, se establece una determinada narrativa, se defienden los principios, se sostienen los credos. Sin la palabra no existiría espacio público. Es la palabra y el diálogo lo que construye el ágora”

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: