La forma del agua

Por Blanca Bravo

¿Cómo le anda yendo en estos días mi muy querido Tlajomulca? ¿Empezó el año con el pie derecho o ya, a tan tierno el tiempo, metió la pata? ¿Le va a toda naranja na na na na na o anda cabizbajo entre sonidos de marchas fúnebres? ¿Cómo le ha ido con su pre dosis de campañas? ¿Oídos y ojitos listos? ¿Manita desinfectada para recibir saludos de candidatos de todos los colores y sabores? ¿Su cerebrito ya está hecho al ánimo de traer retumbando (aún en contra de su voluntad) eslóganes y cancioncillas de sus candidatazos de lujo? Si su respuesta es “puesto como un calcetín” o “nuncamente”, dese un respiro y luego “apechugue” que no le queda de otra.
Un maravilloso remanso de bienestar es, sin duda, “La forma del agua” película de Guillermo Del Toro. ¿Quiere usted flotar en una historia limpia y sin complicaciones intelecualoides o de suspensos desgastantes? Vaya a su cine favorito y vea este filme.
Dese un descanso por 123 minutos. Deje de pensar si el Peje hará de México una Cuba o si es la única opción real para tumbar al imperio que representa el “cara de jericalla” Mead. La película que le recomiendo es un estanque plácido de hechos bellos. Pero, no me malentienda que no es para nada una peli rosa o una comedia romántica estúpida de esas tan socorridas por el cine gringo; es una historia que casi literalmente le hace flotar, como en agua, en la imaginación del niño Memito Del Toro jugando “monitos” en un charco entre fierros oxidados. Es epítome del cine fantástico y de época visto desde la prístina mente de un niño. Eso sí, la película es clasificación B15 – No lleve escuíncles a joderle el rato a otros-.
¿Usted ya tiene gallo para la Presidencia Municipal, para las diputaciones y para el Senado? No se me atribule pensando si junta firmas, copias de credenciales, si convence a la familia, si junta sus “cinco por cinco” o si la enlodada obligatoria “charpiará” mucho a sus candidatos; regálese dos horas de su vidita y váyase a su sala cinematográfica de preferencia a ver “The Shape of Water”. Sin suspensos ni clímax atormentadores, la peli nos salva de los momentos “campañiles” que se acercan tan gigantes y definitorios como nunca. Y decir que la película no nos atormentará no es, para nada, decir que no tiene una riqueza extraordinaria; tal como decir que las campañas de este año definen no merma las oportunidades pasadas dadas o perdidas en campañas del ayer. La película nos da la paz que el proceso electoral (éste, en específico) nos quitará. Pero, al final de cuentas nos preparará pa’ agarrar “juerzas” y enfrentar lo que viene.
Largas y tendidas pláticas nos esperan acerca de las contiendas electorales inminentes; todas importantes, pero en particular la municipal por su esperado (aparentemente) terso proceso y la presidencial por el impacto tan grande que en esta ocasión tiene en tantos aspectos: relaciones internacionales, castigo a la corrupción y últimas oportunidades para algunos – Obrador por trillado y Mead porque su campaña, como mala jericalla, nomás no cuaja-. Pero, esas vendrán en otras columnas si usted y este medio lo deciden así.
La Forma del agua, la película, es imperdible por valor y no por imposición. Es una obra deliciosa y delicada donde la belleza es protagonista; la belleza de la sombra, la belleza de las otredades, la belleza de lo sanguinario, la belleza de lo no estereotipado como bello, la belleza de la calma y de las urgencias de los cuerpos, la belleza del chillido y de los silencios, la de las inclusiones y las exclusiones, la de lo platónico y lo sexual… pero, sobre todo, la belleza de las formas del agua: quieta, en movimiento; atrapada, reventando; dentro, afuera; envolviendo , penetrando; palpitante o agonizando… la forma del agua que es la forma de la pasión que tiene la vida. ¿O usted qué opina?

 

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