Charlatanería independiente

14222343_10154042050757515_7181493101406604774_nPor Víctor Hugo Ornelas

Durante el cierre de año y como parte del proceso electoral de 2018, en diversas regiones de México, tales como Jalisco y Tlajomulco, que no son la excepción, estamos presenciando una oleada de aspirantes de corriente independiente, que buscan la firma de los ciudadanos para convertirse en candidatos a diversos cargos de elección popular, una situación por la cual estos comicios podrían resultar históricos para nuestro País.
El mayor representante de las candidaturas independientes en México se encuentra en Jalisco y se llama Pedro Kumamoto, por el simple hecho de que el tipo logró ganar en 2015 una elección y convertirse en el primer diputado que no representa a un partido político sino que meramente surgió desde las entrañas de la ciudadanía.
Aunque habrá que decirlo, Kumamoto es el estandarte de un grupo denominado “wiki política”, agrupación que tiene dirigentes, líderes que conducen y toman decisiones, por lo que cada día se parecen más a un partido político que a cualquier otra cosa.
Por supuesto que entre toda la marejada de independientes que buscan llegar a un cargo público sin ser partícipes de un partido político, nos podemos encontrar con gente de todo tipo, no faltan los farsantes por ejemplo, que tienen a su mejor representación en un payaso, “Lagrimita”, que saltó de los programas para niños en la televisión local, a participar en un proceso electoral en 2015; aunque no pudo reunir las firmas necesarias para ser candidato y siempre se consideró únicamente como aspirante.
“Lagrimita” fue la burla de los políticos hacía los ciudadanos, una tomada de pelo, una grosería para la democracia, sin embargo hay dos cosas que agradecerle a este payaso y sus titiriteros, una de ellas es que siempre se presentó como el payaso que fue, es decir, el tipo fue congruente y al menos en ese aspecto no trató de engañar como muchos otros que presumen ser la gran opción, el filántropo, el preocupado por la comunidad, pero únicamente son payasos que no usan maquillaje pero que forman parte de un mediocre y vulgar circo político.
Otra de las cosas que se le debe agradecer, es que hizo evidente el riesgo de eso llamado independientes y que básicamente pueden llegar a convertirse en una herramienta de los mismos grupos de poder para fraccionar el voto y para favorecer aquellas agrupaciones políticas que cuentan con una estructura sólida que les permita ganar una elección a través de esa división del voto.
Vamos a poner un ejemplo para aterrizar la idea, el partido en el poder ha tenido un mal desempeño y eso disminuye la intensión del voto hacía el mismo, pero por otra parte tiene asegurados 3 de 10 votos a través de su estructura política, esto quiere decir que existen 7 votos que no le apoyarán, por el contrario son votos en contra qué se dividen en 4 para otro partido y 3 para un tercer competidor, eso querría decir que el partido que mayor fuerza ha tomado, podría ganar la elección y quitar del poder a quienes lo ostentan.
Pero que pasan si entran dos nuevos contendientes por la vía independiente y ellos logran una preferencia de 1.5 sobre diez en intensión del voto cada uno; bueno pues en ese panorama el favorecido sería ese partido poderoso que tiene sus 3 votos asegurados, porque los siete restantes se tendrían que dividir ya no en dos, sino entre cuatro aspirantes y de esa manera sería mucho más complicado desbancar a los poderosos.
Por ello es que la bandera independiente debe de ser cuidada de manera minuciosa, incluso velando por el respeto a la democracia, no podemos permitir que payasos con o sin maquillaje, así como algunos viles personajes con intereses marcados por la agenda de algún grupo en el poder, pretendan verle la cara a los ciudadanos y vender una historia de fantasía basada en decir que no son parte de ningún partido y eso los convierte en una buena opción.
Al igual que como se le exige a los políticos, se les debe exigir a los que nos quieren vender la idea de ser independientes y piden apoyo para “lograr el cambio que necesitamos”, quienes prometen igual que los políticos, quienes engañan igual que los políticos, quienes tienen intensiones de poder igual que los políticos y que en ese sentido podrían defraudar igual que los políticos.
Aquí el problema no es el modelo, ese me parece que es adecuado en todos los sentidos, aquí el problema son quienes pretenden lograr sus metas a través de esta opción que brinda el sistema político electoral en México, porque algunos cuantos charlatanes pueden ensuciar y echar a perder un verdadero modelo por medio del cual las personas “comunes”, pueden acceder a la toma de decisiones y representar adecuadamente a la población.
Como ciudadanos tenemos que analizar y ser lo suficientemente inteligentes para entender los intereses de las personas, para saber quién es un aspirante independiente y quién es un farsante disfrazado, para que entonces, cuando decidamos firmar, decidamos dar el voto, no lo hagamos a personas que se burlan de nosotros en nuestra cara, sino extenderle la mano al que tiene intereses legítimos y que obedecen a uno de los principios más básicos de la política, el estudio y solución de los asuntos públicos por el bien común, y no en la porquería en que los charlatanes la han convertido.

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