Ya no me acuerdo qué es un País estable…

14222343_10154042050757515_7181493101406604774_nPor Víctor Hugo Ornelas

Cuando concluye un año, generalmente la gente acostumbra hacer balances de lo que fueron los 365 días del calendario, y como los Gobiernos están conformados por personas, entonces siguen la misma inercia y presentan balances sobre la situación del País, Estado o Municipio.
Pero da la casualidad que esos balances siempre son halagadores y comienzan con frases algo así como “hemos crecido en” “se registró un avance de”, y toda tendencia apunta hacia arriba, sin embargo en la suma de años no vemos eso reflejado en nuestros bolsillos o condición social.
Por ende, podríamos pensar que esos números son inciertos, que forman parte de un engaño, que nos quieren ver la cara y así sacar miles de conclusiones y plantear panoramas que podemos inventar de acuerdo a nuestro grado de molestia contra aquellos que dirigen el País.
Podríamos pensar cientos de cosas y quebrarnos la cabeza tratando de entender los motivos por los cuales vivimos sumergidos en la carencia, aún cuando somos un País privilegiado en cuestión territorial, geográfica, climática, etc., sin embargo la explicación es mucho más sencilla.
México es un País mal administrado y su riqueza es distribuida de una manera completamente grosera, la economía de la Nación crece para quienes tienen poder adquisitivo, mientras aquellos que carecen de este se hunden en la miseria.
Somos parte de una sociedad cuya mayoría se preocupa por sobrevivir, una mayoría que es sometida a niveles impresionantes de estrés, de marginación social, de carencias de aquello que los Gobiernos tienen el cinismo de llamar servicios básicos, todo esto mientras aquellos que nos dirigen se sientan a comer en los mejores restaurantes sin pensar en los que no tienen siquiera un bocado para calmar su hambre.
Después, como que les pega el remordimiento de conciencia y para sentirse menos abusivos inventan cosas, tales como los programas sociales y lo presentan como el gran proyecto que salvará a México, entonces conforman una red de “trabajo” basada en el esquema que durante años ha demostrado ser disfuncional.
Designan encargados regionales y de zona, estos claro, simpatizantes del partido en el poder y ellos se encargan de distribuir los recursos entre sus conocidos, entre la mamá, la prima, el tío, el que le ayudó en campaña, el que le prestó el camión para acarrear gente y puros de esos, mientras tanto, hay gente en las colonias marginadas que ni siquiera se enteran que existe un programa federal enfocado en ayudarles.
Ahí tenemos el claro ejemplo de qué es lo que pasa con la riqueza del País, se reparte en una pequeña cúpula, la inversión es para las empresas de los amigos, mientras el maíz, producto base de la economía y vida nacional, es uno de los productos peor pagados.
2017 se convirtió en un año de manifestaciones, narco crímenes, enfrentamientos, conflictos, bloqueos, el País va tomando un rumbo que nos debe preocupar, todo lo que acontece de manera conjunta nos puede llevar a una crisis nacional y de seguir así, no faltará mucho para que las cosas se salgan de control, porque aunque no parezca, podría asegurar que muchas de las reacciones que ha habido por parte de la ciudadanía y de los sectores que se manifiestan ya estaba presupuestada en los planes del Ejecutivo.
Ahora que está por concluir el actual año, debemos entender una cosa, lo que cambia son las fechas, no porque amanezcamos en 2018 quiere decir que ya quedó atrás el 2017, pues las acciones de este año seguirán en reacción para el próximo, y las decisiones tomadas, serán una repercusión buena o mala.
Nuestra Constitución es como una actriz después de decenas de operaciones, ha sido sometida a tantas reformas que un día de estos no la vamos a reconocer y lo peor del caso es que de nada servirá, pues vendrá otro capricho o negocio con un nuevo Gobierno y querrá reformar de nueva cuenta lo que le plazca, mientras tanto, uno como ciudadano se debe acostumbrar a una palabra, Inestabilidad.
Hace muchos años que los mexicanos no sabemos lo que es un País estable y nos hemos dejado de preocupar por ello, nos hemos comido el cuento de que las cosas van a cambiar y nos hemos esperanzado cada que se debe de acudir a las urnas, esas urnas que en cada proceso están más vacías porque en esta nación ya no se cree en las instituciones.
Si bien es cierto que los servidores públicos no tienen la responsabilidad total de lo que nos aqueja, tampoco pueden evadir que en ellos descansa un compromiso que pocos, muy pocos asumen, a la sociedad le hace falta inspiración, una guía que nos conduzca hacía mejores horizontes, sin embargo, el ejemplo que prevalece es el del abuso, el autoritarismo, el robo en despoblado, la apatía y el desdén.
No pueden pedir a la gente lo que no están dispuestos a ofrecer, y generalmente suelen ofrecer desde nada, a muy poco, pero piden mucho, y lo que no piden lo toman por sus pantalones; indudablemente esa evaluación de fin de año requiere de un análisis profundo y honesto, en el que nos preguntemos y respondamos cuál es la aportación que hacemos para que nuestra realidad se transforme y sí ese grado de responsabilidad que se tiene, por su puesto los funcionarios en mayor medida, realmente se está cumpliendo.

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