El trágico sexenio, no olvidar

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Por Aarón Estrada

Sin duda por causas internas, malas decisiones de su mandato, casos naturales, fenómenos físicos con daños mortales, entre muchos otros factores, el sexenio de Enrique Peña Nieto, el cual comprende del 10 diciembre de 2012 al 30 de noviembre de 2018, está marcado por la tragedia, el caos y la muerte en sus gobernados.
No se requiere ser exagerado, ni alarmista, sino simplemente realista del entorno social que se vive en México en estos tiempos, pero principalmente no perder la memoria de la tragedia y ni la esperanza de que los mexicanos somos inmensamente grandes ante la actual autoridad que nos representa.
Le falta un año al gobierno de Enrique Peña Nieto, todavía queda 2018. Hay posibilidad de una tragedia mayor, puede ser autoridad del gobierno o de la naturaleza, no lo sabemos, pero debemos estar preparados.
Haciendo un recuento sobre este trágico sexenio, sin duda la peor de las tragedias fueron los sismos del 07 y 19 de septiembre, donde la naturaleza respondió, reaccionó y con tres movimientos sísmicos, que nombramos terremotos, cobró la vida de más de 350 personas en Chiapas, Oaxaca, Puebla, Morelos, Estado de México Tlaxcala y Ciudad de México, con daños a viviendas, negocios, edificios, infraestructura pública aún sin cuantificar. Estos sismos, recordaron de manera similar al temblor de 1985, pero también al despertar ciudadano frente a su gobierno.
La tragedia de estos temblores debe servir de ejemplo, para que realmente en cada construcción o proyecto de vivienda se respeten los códigos urbanos, no se permita una vez más edificar en zonas geológicamente inapropiadas, se castiguen las malas prácticas inmobiliarias y nuevos lineamientos de edificación. Pero también debe servir de ejemplo a las nuevas generaciones, que los simulacros se deben de hacer por ley, que las instancias de verificación de Protección Civil deben de trabajar las 24 horas del día los 365 días del año en cada edificio y decretar inhabitable, los que estén realmente en ese rango.
En la tragedia del sismo, sirvió para reivindicar ante el pueblo la labor de las fuerzas armadas, la imagen de militares y marines rescatando personas en edificios atrapados, de manera intencional, tapó -aunque sea por unos días- la mala imagen que estas instancias de seguridad han venido generando con la ciudadanía en general a partir de la llamada Guerra contra el Narcotráfico, pero principalmente en los recientes hechos de 2014 en Iguala, Guerrero.
Es la noche del 27 de septiembre de 2014 en Iguala, Guerrero, donde sucedió el más trágico crimen de lesa humanidad de este sexenio, el cual empapa directamente al Ejército Mexicano, a los tres niveles de gobierno y al crimen organizado.
Dentro del sexenio de Enrique Peña Nieto, desaparecieron en esa noche 43 alumnos de la Escuela Normal Rural Isidro Burgos de Ayotzinapa, Guerrero, los cuales fueron detenidos por elementos municipales de Iguala, después de eso, se dice oficialmente que fueron entregados a bandas del crimen organizado, pero previamente fueron visitados por elementos del ejército mexicano y ya nadie los volvió a ver.
Han transcurrido mil 95 días y no se ha conocido el paradero de estos estudiantes, se han detenido a personas involucradas en su desaparición, específicamente a policías municipales, al alcalde José Luis Abarca y a su esposa María de los Ángeles Pineda, acusados de la desaparición de los 43 estudiantes. De ahí a nadie más se ha tocado, pero lo peor de la impunidad en ese caso, es que sigue sin esclarecerse la ubicación de los estudiantes, si siguen vivos o fueron asesinados.
Este crimen, ha sido el más marcado de México a nivel internacional en los últimos 30 años -sólo superada por la matanza estudiantil del 02 de octubre de 1968-, Iguala dictó la agenda del Gobierno Federal, la forma en que se dio la versión oficial, puso en evidencia que no se pueden tocar poderes fácticos en el País y sobre todo, que el maquillaje en pruebas para la aplicación de justicia es una práctica común.
No olvidar la tragedia de los 43 estudiantes de Ayotzinapa y exigir su aparición con vida y justicia en estos hechos, es igual de contundente que exigir se aplique la ley en materia de desarrollos urbanos para evitar trágicas muertes como la de los sismos de los últimos días. Tampoco se debe olvidar el trágico sexenio que ha vivido México, las malas decisiones de un gobernante que se fecundó sólo en su imagen física, más allá de sus resultados como político y en el ejercicio público. No olvidar.

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