Mi trinche causa.org.aquienleimporta.mx

blanca-bravo

#ColumnaDeOpinión por Blanca Bravo

¿Cómo le ha ido mi estimadísimo Tlajomulca? ¿Cómo ha pasado los últimos días? Y no es que hable de los últimos, ultimitos de su vidita, sino de los más recientes.

En días pasados, se celebró en nuestra capital del estado un evento muy importante; a él acudieron las vacas sagradas de diferentes ámbitos; económico, de relaciones exteriores y sobretodo los grandes del mundo académico. Con uno de estos últimos y con compañeros de trabajo fue con quienes se desarrolló una conversación de esas de las sabrosonas; como dirían por ahí, oiga usted, un tema de mis meros moles.

La Santa Muerte y sus fieles seguidores es uno de los tópicos que me apasionan, pero de los que poco había yo reflexionado en el porqué.

Durante la charla, este personaje, con tanto conocimiento como curiosidad, me cuestionó acerca del motivo para que yo decidiera, primero, investigar y luego escribir en un libro acerca de los asegunes del culto. Respondí, claro, pero, como siempre pasa, no hay mejor respuesta que la que se nos ocurre al día siguiente: porque me atrae la idea de darles voz a los que poca tienen.

Usted me conoce mi harto respetado Tlajomulca. Después de estos años enviándonos señales literarias por este medio, sabrá que si bien amargosa y alguito (nomás alguito) ácido-realista-pesimista no soy un personaje negro o de grandes fanatismos, pero, es que hay causas que piden a lenguaje de señas el ser escuchados. Este es el caso de los devotos a cultos marginales que no buscan otra cosa que lo que quiere cualquier otro: la evasión de la incertidumbre.

La respuesta “exacta” que no se dio nunca se dará -todo es perfectible-; pero, el tema de “nobles causas” y de la ventriloquía de beneficencia me da pretexto perfecto , pos nomás pa’ sacarme la espinita que traigo atorada desde “endelantes”.

Desde la punta del dedo gordo y chato de mi pata de tamalito hasta la orzuela del último cabello canoso de mi flequillo ochentero, se me eriza todo cuando en una conversación o en las redes sociales alguien decide que tiene la autoridad moral como pa’ venir a decirnos cuál causa de lucha es válida y cuál no. Desde el sacerdote que en el púlpito (es un decir. Ya no alcanza pa’ tanta arquitectura) afirma que esas parejas que cuidan tanto de sus perritos o de sus gatos mejor deberían de invertir ese amor, dinero y cuidados en tanto escuincle huérfano que hay por “ái” regados. ¿Pos que alguien les dice a ellos que con tan buenas maneras de limpiar cálices mejor deberían de dedicarse al hogar? O ¿Qué con sus artes de persuasión deberían de mejor convencer a las personas de luchar por sus derechos humanos y constitucionales?

Y qué tal con la fotografía del “feis” y la imagen del niño huesudito panza de farol  con una leyenda que dice que en vez de estarnos solidarizándonos con los derechos de la comunidad gay deberíamo0s de estar preocupándonos por los niños que mueren de hambre en África.

Con una tiznada, ¡pos cómo ahí qué? ¡QUE ALGUIEN ME EXPLIIIIIIQUE! Esos que quieren el bienestar de los huérfanos, supongo, que ya deben de estarse haciendo cargo de un par de ellos o haciendo trabajo voluntario en un orfanato. Aquellos que están muriendo de angustia por los chamacos  hambrientos segurísimo que ya apadrinan a alguno; aportan mensualmente un buen “billelle”  a alguna asociación de las cientos que apoyan a esta causa o, han de ayudar de tantas y tantas formas como se puede hacer.

Amigo y amiga Tlajomulcas, el punto aquí es que buenas causas son todas ellas: combatir la hambruna, luchar contra el abuso y abandono infantil, buscar la equidad y respeto de la identidad sexual entre las personas y la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, la creación de vivienda digna, la defensa de los animales – y algún día de las plantas- y no para la cuenta. Todas las anteriores y miles más son causas dignas de luchar por ellas; merecedoras de respetarse desde afuera y de dejar el alma en ellas desde adentro.

No se me preocupe mi respetadísimo Tlajomulca,  el chiste no es juzgar quiénes tienen causas de lucha más o menos “importantes”; su hombría, “mujerería” o “ser humaninia” se demuestra escogiendo su propia causa y trabajando por ella. No critique las causas “absurdas”; búsquese una que, a su parecer, sea digna y dé el alma por ella. Entre todos, entre todas nuestras causas, podríamos reparar este mundo de chilte de Talpa. ¿O usted que opina?

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: