Una historia fallida la separación de basura

aaronColmna de opinión por Aarón Estrada

El 09 de marzo pasado, cumplimos 19 años. Uno de los principales temas que ha abordado este Semanario ha sido lo ambiental, desde la laguna de Cajititlán -fuimos testigos cuando se secó por completo- la creciente explotación de bancos de materiales, la pérdida de masa forestal en zonas rurales, sitios de recargas invadidos por desarrollos habitacionales y el tratamiento de la basura y residuos sólidos que consumimos en Tlajomulco.

La basura ¿Es dinero? fue una de las primeras editoriales que se escribieron en este periódico, en la cual se proponía que la separación de nuestros residuos desde el hogar podría ser una alternativa económica, así como sustentable ante el inminente cierre del basurero municipal La Rosita.

Justamente cuando salieron las primeras publicaciones de La Verdad, se debatía el cierre del basurero La Rosita que operó por unas décadas el Gobierno Municipal a través de su dirección de Aseo Público. Fue en el 2001 cuando por decreto del Ayuntamiento se decidió clausurar este espacio donde se depositaban los residuos sin separarse, por la razón de que los lixiviados estaban por ingresar a los mantos friáticos de la Cabecera Municipal.

Tras el cierre del basurero, al cierre de la administración 2001-2003, la última que gobernó el PRI, vino la aprobación expréss de una licitación pública para concesionar la recolección de basura, esta fue otorgada a la empresa GEN, quien ganó dicha licitación, pero su operación en el Municipio duró menos de un año, ya que al ingreso del gobierno del PAN, encabezado por Andrés Zermeño Barba, se documentó que dicha licitación se hizo de manera irregular, se le quitó ese servicio, se lanzó una nueva licitación y esa la ganó Caabsa Eagle, en el 2005, desde entonces, lleva 12 años siendo la empresa concesionaria para recolectar los residuos de las casas del Municipio.

En el 2006 hubo el primer intento por lanzar un programa de separación de basura, ese fue impulsado por el entonces director de Aseo Público, César González Márquez -hermano del entonces gobernador Emilio – pero por distintas circunstancias no se llevó a cabo, cambio la administración en 2007 y se desechó el programa piloto.

En 2009 se intentó lanzar en la Cabecera Municipal un programa de separación de basura, pero tampoco tuvo efecto, la falta de socialización con los vecinos del Municipio, interés de empuje con el gobierno y de la propia concesionaria de la basura terminó por no cristalizarse ese proyecto.

Lo mismos sucedió en 2011, se puso en práctica un esquema de separación de basura, duró poco, por la falta de unidades de los recolectores de residuo, pero principalmente no se tuvo eco en la respuesta ciudadana para esta tarea.

Es precisamente la falta de una educación ambiental entre la mayoría de los pobladores, el freno para hacer este paso gigantesco de una comunidad con la basura separada, orgánicos e inorgánicos, es el reto que ahora enfrenta el Gobierno Municipal, al relanzar una propuesta de separación de residuos orgánicos e inorgánicos. Es educar a sus pobladores a hacer de este ejercicio un hábito.

Es difícil educar a una persona que toda su vida ha venido haciendo una actividad cotidiana como es depositar todos sus residuos en una bolsa de plástico, sacarla cada tres días a su cochera para que se la lleve un camión recolector. Cambiar ese hábito, va más allá de lo que puede hacer una campaña en medios y redes sociales, es dantesco el reto, dos años no parecerá ser suficientes. Pero el promover las sanciones, podría funcionar, pero eso causará molestia en la ciudadanía.

La basura es dinero, es un gran negocio, prueba de ello son las empresas que se dedican a recolectar nuestros desechos. En Tlajomulco, Caabsa Eagle cobra al Gobierno Municipal cada kilogramo que recoge de los ciudadanos en sus domicilios, al año en promedio cobra 50 millones de pesos al Municipio por este servicio, por recolectar anualmente 109 mil toneladas.

En promedio un habitante de Tlajomulco genera un kilo de basura al día, por ese kilogramo, la empresa concesionaria le cobra al gobierno cerca de 50 centavos. Desechos que en su mayoría sin plásticos y residuos orgánicos derivados de comida en un 50 por ciento, si esa mitad de desechos se disponen a otro sitio donde no pase por Caabsa Eagle, sería menos lo que cobraría la empresa y en términos reales del dinero, ganaría menos, tendría menos utilidades por ese servicio, lo que  tal vez ya no le sería negocio.

Caabsa Eagle es un gigante multinacional de la basura, cubre ese servicio en grandes ciudades de Estados Unidos, Canadá, países de Europa y otras comunidades de Latinoamérica, es como un Walt-Mart. Ese es el nivel del negocio que controla y obviamente el nivel de poder económico en el mercado que posee.

La separación de basura de darse en el Municipio, el más beneficiario sería el medio ambiente, se dejará de pagar menos por ese servicio el Ayuntamiento, pero quien vería pérdidas sería Caabsa Eagle. ¿Porqué entonces le apuestan a algo que les podría afectar? Acaso saben, que es imposible cambiar de hábitos a una sociedad no dispuesta a cooperar en este esquema, de plano son samaritanos y prefieren dejar de ganar, por mejorar la vida de los demás.

En contraste, en los únicos municipios donde ha funcionado ese esquema de separación de basura, es donde no se tiene concesionado este servicio. Ejemplo es Jalostotitlán que llevaban a cabo este programa desde 2012 aproximadamente y El Grullo desde el 2010, ahí ha funcionado, en parte por la disponibilidad de los habitantes, pero también por la facilidad de establecer una ruta de recolección. Dado que ambos municipios tiene una población del tamaño de la Cabecera Municipal de Tlajomulco o de San Sebastián el Grande.

Uribe ha puesto los puntos sobre las íes en un tema delicado y complejo, cambiar de lograrlo sería su mejor legado, de fracasar no perdería mucho. Veremos que sucede después del 1 de mayo.

 

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