Escala Día de San Valentin

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Columna de opinión por Blanca Bravo

¿Cómo se encuentra mi muy amoroso tlajomulca? Y la preguntita va más allá de su situación de bienestar. Va más entorno al verbo directo de encontrar, luego de buscar. ¿Cómo se encuentra luego de querer aprehenderse, luego de querer “Jallarse”.

Justo acaba de pasar el Día del amor y la amistad; día en el que nos ¿fuerzan es la palabra? a tener algo que festejar… – o peor- a tener alguien con quien festejar y ALGO con que evidenciar que tenemos a ese alguien.  La pregunta del día 15 de febrero, la recurrente, fue ¿Cómo te la pasaste?  Pero la pregunta tenía colofón: ¿Qué te regalaron? Y no crea usted que yo vengo con discursillos “profequecos”  de “Regale amor, no lo compre” simplemente le vengo a proponer que rumiemos la idea de cumplir con las expectativas sociales del Día de San Valentín.

Usted mi querido amigo y querida amiga ¿cuánta importancia le da al mencionado festejo? ¿Toda?, ¿nada? Mire usted, podríamos clasificar el grado de “me vale San Valentín” en diferentes escalas.

  1. El veleta: que sigue la mercadotecnia, la “tradición”. Es el que regala cualquier cosa, el ramo de flores inflado en precio, los chocolates, el osito de peluche, el reloj de fayuca o, si la economía emocional o monetaria no da pa’ más, la nunca mal quedada taza llena a la mitad de papel y decorada con tres caramelos. Regala porque “se usa” y por no recibir la retahíla de reclamos del amor en turno.
  2. El despistado: éste es por lo general hombre. No tiene mediana idea de lo que el protocolo exige. Sólo sabe que ha de regalarle algo a su fiera o si no las consecuencias, que tampoco divisa muy claramente, pueden ponerse feas, muy feas. Este caballero va desde un mozuelo adolescente hasta un ”sorgatón”  de más de cincuenta ( la edad no importa. Al que no se le da, no se le da). Nuestro individuo siempre se vale de la amiga, de la hermana o hasta de la mamá para pedir consejo sobre qué regalar, cómo regalarlo; pide que se lo envuelvan y le escojan la tarjetita conmemorativa. Este hombre no tiene idea de los gustos de su amada, menos de tallas. Cuando la cómplice de regaladera le pregunta ¿Es chica, mediana o grande?  Sólo atina a decir “pos está más o menos como así” y hace la seña más inconsistente del mundo.
  3. El despistado con iniciativa: éste tampoco sabe nada, pero le hace la lucha más desordenada posible. Compra la flor que odia la novia, si está gordita le compra un microvestido de licra, le regala chocolates con cacahuates a los que ella es alérgica; le da una tarjeta de “recupérate pronto”. Pero, siempre, siempre corre con la suerte de tener una novia comprensiva que se repite a sí misma “lo que importa es el detalle. Lo que importa es el detalle”.
  4. Los “I don’t care”: son aquellos o aquellas que realmente no le quieren dar importancia a la fecha por comercial. El varón está de peluche con la idea de no tener que sufrir el calvario de buscar regalo y las chavas siendo fieles a su discurso no regalan ni esperan regalo, pero aquí entre nos no les caería nada mal un versillo del corazón o una flor de jardín.
  5. Los intensos: en esta categoría entran tanto los fanáticos pro, como los fanáticos contra.

Los a favor son los cursis de hueso colorado. Los que disfrazan el peluche del personaje favorito, los que manufacturan la tarjetita a mano, los que llenan el coche de post it, los de la carta- compromiso de amor eterno firmada con sangre ( aunque sea de las encías). Son los que hacen el colage con fotos asquerosamente enmieladas y lo llenan de corazones.

Los intensos en contra, aunque se juran ajenos al Día del amor y la amistad, están hasta el cuello inmersos en él. Son los grinch del catorce de febrero; dicen odiar la fecha, pero terminan odiando a quien la festeja. Son los más dramas del día. Argumentan un millón de razones para no festejar un día en especial y dicen que todos los días son iguales, sin embargo, terminan haciendo de éste el día de la álgida emoción anti- romanticismo.

Amigos, amigas… usted ¿cómo se encontró ese día? ¿Se encontró en el otro o en usted mismo? Si decidió a – o pudo- estar en pareja, ¿Qué clase de festejoso fue?

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