Ya no hay amor entre Aristóteles y EPN

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Columna de opinión por Víctor Hugo Ornelas

La relación entre el mandatario nacional, Enrique Peña Nieto, y el Gobernador del Estado, Aristóteles Sandoval, está fracturada, y la cercanía que parecían guardar hace un par de años, simplemente parece que se acabó, y a Peña no le ha caído en gracia la serie de posicionamientos que el mandatario estatal ha fijado en torno al gasolinazo y otros asuntos de corte nacional, lo cual quedó de alguna manera expuesto durante la celebración del 102 aniversario de la Fuerza Aérea, evento celebrado en Jalisco la semana pasada, y del cual hemos preparado la siguiente crónica:

Al filo de las 13:20 horas, el TP 01, José María Morelos Y Pavón, mejor conocido en el folklore urbano, como ese avión «que no lo tiene ni Obama» y que transporta al presidente de la república, Enrique Peña Nieto, aterrizó en la pista principal de la base número 05 de las Fuerza Aérea en Zapopan, para que el presidente encabezara la ceremonia del 102 aniversario de esta institución.

Encender el ambiente no fue difícil, los organizadores del evento recurrieron a una fórmula que no falla, repetir una y otra vez durante más de 20 minutos una canción de Juan Gabriel mientras decenas de funcionarios estatales, federales, y militares arribaban a este evento que desbordó patriotismo en todo momento, aviones de la FAM surcando el aire, cañones de infantería detonando en tierra, la bandera ondeando en lo alto del asta y el himno nacional entonado hasta en dos ocasiones.

La austeridad que se ha propuesto como eje principal de todos los gobiernos en el arranque de 2017, no afectó el comedor este día, la comida ofrecida a funcionarios, soldados y a la prensa, fue de gala, con un menú que incluyó berros con nuez en salsa de mango y queso azul, tortelline en salsa de frijol y chipotle, medallón de filete en salsa de mostaza, cordero al vino y de postre cheese cake de maracuyá, nada que se pueda ver en un programa de intervención DN III.

Todo mundo esperaba las palabras de Enrique Peña Nieto, ya sea los reporteros para armar sus notas, los militares para escuchar en primera persona a su comandante supremo y otros funcionarios por el mensaje político que pudiera emitir, mientras tanto, los asistentes se distraían con lo que podían, el mariachi, algún chiste ocasional, o contemplando la larga y rubia melena satinada de la delegada de Sedesol en Jalisco que se paseaba por los pasillos.

Finalmente el presidente de la república fue anunciado, se dirigió al pódium, acomodó y acomodó el micrófono, pero conforme esbozaba una tras otra las frases programadas para el día, no era complicado darse cuenta que la tarde se la había llevado el Gobernador de Estado, aquel con quien el saludo fue frio, distante y casi protocolario.

Peña Nieto dedicó parte de su oratoria a elogiar a las Fuerzas Armadas, y otro espacio para usar como ejemplo a un soldado que se desmayó la mañana de este jueves en «La Marcha de la Lealtad», pero ni una palabra de lo ocurrido en Nayarit, donde fueron las fuerzas armadas quienes abatieron a un supuesto líder criminal.

Aristóteles Sandoval, por su parte, recurrió a un mensaje más impetuoso, reconoció la labor de las fuerzas armadas para solventar las deficiencias en los cuerpos policiacos municipales y estatales, «hay que decirlo claro, son nuestras Fuerzas Armadas que han hecho frente al cáncer de nuestros tiempos, el narcotráfico y la delincuencia organizada», señaló el ejecutivo estatal, que se dio el lujo además, de hacer frente al presidente nacional, con un llamado a sus homólogos en el País, para que asuman su responsabilidad en materia de seguridad pública.

Al final de la ceremonia los aplausos y los abrazos no pudieron faltar, todos ofrecían los brazos extendidos para despedirse, para felicitarse, para cerrar en un apretón fraternal la jornada, pero no Peña Nieto y Aristóteles Sandoval, que mantuvieron la diplomacia, pero nada más.

 

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