Nuestro propio terror

aaron

Columna de opinión por Aarón Estrada

Este viernes rendirá protesta ante la Biblia, el 45 Presidente de los Estados Unidos de América del Norte, el magnate Donald Trump. Asumirá el cargo del País, con el Ejército más poderoso del mundo, la nación vecina de México, que alberga al mayor número de mexicanos fuera de su territorio original.

Todo el planeta está a la expectativa de lo que sucederá en los primeros 100 días de Donald Trump, sus acciones a emprender, sus promesas a cumplir, sus amenazas con sus vecinos y países aliados de Estados Unidos.

Pero los vecinos de Estados Unidos, México, Canadá y gran parte de Latinoamérica, son los que sufren más de la paranoica del miedo y estado de shock, que pueden traer sus discursos de Trump su amenaza a espantar inversiones de empresas norteamericanas en México, su razias contra indocumentados en su País a partir de mañana.

Del otro lado del Río Bravo. Los mexicanos de todas clases sociales, se han sumergido en las últimas horas en un clima de miedo, víctimas de lo propio que está pasando en fechas recientes, el gasolinazo, que ya empieza a calar en los bolsillos de las familias y la violencia imparable en gran parte del territorio nacional.

Como un acto terrorista para muchos extranjeros fueron calificados los más recientes hechos registrados en Playa del Carmen, Cancún en Quintana Roo y en Monterrey, Nuevo León.

Por un lado, un par de sujetos armados abrieron fuego a un antro, donde se celebraba uno de los principales festivales de música electrónica en el mundo. La masacre en el Blue Parrot, de la 12 avenida en uno de los principales atractivos turísticos de América Latina, puso en alerta roja a todo el planeta.

Las víctimas de ese ataque, fueron cinco personas, dos nacionales y tres extranjeros, el acto fue por un cobro de plazas de los grupos de delincuencia que operan en Playa del Carmen, un sitio altamente contaminado por el consumo de drogas, que a toda costa es visto por quien transita por la famosa Quinta Avenida. No pasaron ni 48 horas, cuando en otro altercado similar en la ciudad que recibe más del 50% de turismo internacional que llega a México anualmente, Cancún, un grupo delictivo baleó y lanzó granadas y explosivos a las oficinas de la Fiscalía General de Quintana Roo.

El hecho estremeció por horas a habitantes de Cancún, turistas y residentes de zonas hoteleras, así como a las propias autoridades de los tres niveles de gobierno. Pero las repercusiones fueron mayúsculas, pues, con esa serie de actos de narco terrorismo, de inmediato se emitieron alertas en agencias de viajes internacionales para evitar esa zona.

Quintana Roo está mostrando porqué es el paraíso de una sociedad de consumo global. Han asomado las caras, los poderes fácticos que ahí operan y peor aún, han desgarrado a un México, en materia de seguridad.

Un día después, se dio lo que pudo ser visto como otro ataque terrorista en cualquier ciudad del mundo, pero esto fue en Monterrey, Nuevo León. En un escuela de educación privada, de nombre Colegio Americano del Noroeste. Ahí, un joven de 15 años, en salón de clases, sacó un arma calibre 22 de su mochila, cargó el cartucho, se paró y abrió fuego contra compañeros de clase y maestra, a sangre fría. Posteriormente él se quitó la vida. Todo fue videograbado por las cámaras de seguridad internas del colegio. La noticia fue una bomba de agua fría para la sociedad regía, pero también para todo México.

Horas después un grupo virtual, denominando Legión Holk, anunció que su compañero -el atacante en la escuela – había cumplido su promesa de armar una balacera, haciendo saber que se adjudicaban el ataque perpetuado esa mañana en Monterrey. Un acto terrorista fue tomado de esa forma por las autoridades.

Este nivel de violencia, en las aulas, en las calles, en los espacios turísticos, ocurre en México a unas horas de que Trump asuma el papel del hombre más poderoso del mundo, que tiene como miras, tratar como segundos humanos o menos,  a todos los mexicanos. Cuando nuestras autoridades no tienen presencia moral ni social para enfrentar las amenazas internas, mucho menos la tendrán contra las del vecino País norteño. Estamos tocando fondo, sumidos en nuestro propio terror y parece que a nadie nos cae el 20. Más allá de lo que vaya a hacer Donald, ocupémonos primero por resolver los problemas de nuestra propia casa.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: