Los Reyes de Cajititlán

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Columna de opinión por #OctavioGuevara

Una tradición de casi 500 años, es la salida de su santuario las figuras peregrinas de los tres Reyes Magos de Cajititlán. Recorrieron las calles del pueblito y detrás de ellos una masa multicolor conformada por miles de personas que rezaban, cantaban y aplaudían.

Los Santos Reyes recibieron el fin de semana pasado a cerca de 25 mil personas cada día, entre ciudadanos locales y nacionales. Incluso, hubo quienes desde hace días colocaron una casa de campaña en el atrio de la iglesia para poder tener el mejor lugar al momento de que los Reyes salgan a su recorrido, el 7 de enero.

El pueblo lució lleno de puestos de todo tipo: abundan las gorditas de nata y roscas de reyes, tacos, chicharrones, guayabas y palanquetas; además de ropa, bebidas y numerosos recuerdos alusivos a los Reyes Magos, como sellos para la cara con figuras religiosas, calendarios y llaveros.

Los registros de las fiestas en honor a los Reyes Magos desde el siglo XVI, en la obra  “Viajes de Fray Alonso Ponce al occidente de México” donde se presenta una relación de los acontecimientos que vivieron fray Alonso Ponce, quien llegó a América como visitador de las provincias franciscanas, y su secretario Antonio de Ciudad Real, de 1584 a 1589. A través de sus crónicas da una imagen de la Nueva España de esa época, principalmente del terreno religioso, dentro del cual se observa el comportamiento «poco recomendable» del clero. Cito textual un fragmento de la obra:

“De una fiesta que los indios de Tlaxomulco hicieron el dia de los Reyes (título). Tienen constumbre los indios de Tlaxomulco, mucho tiempo ha, de representar en su pueblo cada año el dia de la Epifania, lo que, en aquella pascua y festividad, acontenció y pasó, como nuestra Madre la Santa Iglesia lo enseña y publica; y lo que estando allí el padre Comisario general hicieron en este caso, pasó desta manera. Tenían hecho el portal de Bethlem en el patio de la puerta de la iglesia, casi arrimado a la torre de las campanas, y en él tenían puesto al Niño y a la Madre y al Santo Joseph. Era hecho el portal de unos palos, muy pobre, cubierto con otros palillos, y sobre de ellos de uno como moho o maehojo, que se cría en aquella tierra y en la de México y otras, y en las encinas y robles y otros árboles, y es a manera de raicillas o barbas, asidas unas con otras, muy blandas, que en lengua mexicana se llama paxtle, y sirve para muchas cosas; a un lado del patio tenían hecha, algo apartada del portal, una ramada, donde estaba Herodes sentado en una silla con grande acompañamiento, representando mucha gravedad y majestad. Desde lo alto de un cerro de los que están junto al pueblo, vinieron baxando los Reyes a caballo, tan de espacio y poco a poco, asi por la gravedad, como porque el cerro es muy alto y tiene muy áspero el camino, que se tardaron casi dos horas en baxar y llegar al palacio. Traían los reyes un indio a pie con un guión, y éste venía delante, y detrás dellos venía a pie con un guión, y éste venía otro de mas de ochenta años con un chiquihuite a cuestas, con los dones y ofrendas que habían de ofrecer al Niño(…)”.

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