Los extremos de la justicia, de China a México

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Columna de Opinión por #AarónEstrada

En China, por ley, juramento a su constitución, ciudadanos y partido, a funcionario público que es corrupto y se le sorprende en un acto de robo al erario público se le castiga con la pena capital, es decir, pena de muerte, sea inyección letal e incluso fusilamiento. No es broma.

En el 2015 fuentes oficiales del Gobierno de la República Popular de China, reportó haberse aplicado la pena capital por corrupción al menos a mil funcionarios públicos del Gobierno, donde se les acreditó mediante una investigación, haber cometido robo al erario público y actos de corrupción denominado como graves.

Sin embargo, fuentes de Amnistía Internacional reportaron que fueron al menos tres mil ejecuciones y penas de muerte que se aplicaron a igual número de políticos y funcionarios, por actos de corrupción graves.

Debido a la crítica que ha generado interna la pena de muerte a corruptos, así como el escándalo mundial sobre estos casos. Se estableció en el parlamento general chino -integrado por cinco mil legisladores- modificar el Código Penal, por lo que determinó que la aplicación de pena de muerte, sólo se hará aplicable a los políticos y empleados del gobierno corruptos que malversen o reciban incluso sobornos superiores por los tres millones de yuanes, unos 463 mil dólares, es decir, algo así como 10 millones de pesos.

Por 10 millones de pesos del erario público, mal gastados, no comprobados en el servicio público, políticos, alcaldes o gobernantes, en China los mandan al partenón. La medida es extremista en cualquier punto de defensa de los derechos humanos por el que se observe. Pero a lo largo de su cultura milenaria China es extrema en todos sus ámbitos, los chinos son la nación con más habitantes en el planeta, una de las economías más fuerte del mundo, son los productores de los mayores contaminantes de gas carbono en el globo y una infinidad de rasgos de su relación cívica que llega a puntos extremos, del resto de las culturas en el mundo.

Lo cierto, es que ante su criticada pena de muerte por corrupción, implementados de manera oficial desde 2013, han disminuido el número de casos. Claro que es inaceptable que se lleguen a esos extremos de quitar la vida alguien, como razón de marcar justicia por el robo de un bien público y del pueblo.

Los extremos son oscuros en todos los sentidos. En cambio en México se ha llegado al extremo de la impartición de justicia, con una ley nueva de justicia penal poco explicable para el común de los ciudadanos del País, donde se deja libre a un pequeño delincuente de robo a vivienda.

En ese extremo de nula impartición de justicia, se dejan libres también a secuestradores, violadores, narcotraficantes, homicidas y obviamente políticos corruptos, donde incluso se le regresan sus bienes, por los cuales se les encerró en la cárcel, por ser el cuerpo del delito de sus acusaciones.

La liberación de personas que deberían de estar en la cárcel, es culpa en gran medida por el sistema de justicia penal basado en los juicios de oralidad y obviamente por la evidente corrupción que hay en los juzgados.

Si para un mexicano común es escandaloso ver como en China matan a los corruptos, para cualquier chino común ha de resultar escandaloso e increíble como en nuestro País, se libera al delincuente. A eso extremos han llegado dos culturas. Unos demuestra el exceso de la autoridad y otros los excesos de la falta de autoridad.

Tan es vergonzoso para la humanidad, que se mate a alguien por corrupto, como que se libere y premia al quien es delincuente.

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