El perro de mi vecino jode por naturaleza

hugo color 2016

Columna de opinión por Víctor Hugo Ornelas

Cuando se habla de austeridad a nivel gubernamental, cuando los gobiernos dicen que se apretarán el cinturón, es claro que no saben de qué están hablando, y es claro que nunca se han tenido que apretar el cinturón por más jodido que se encuentre el País en esos momentos, pues el verdadero impacto de una crisis económica, lo padecen los ciudadanos.

A principio de semana, el presidente de la república, Enrique Peña Nieto, hizo un comentario que ha sido replicado miles de ocasiones, “Estoy seguro que los anteriores presidentes no han tenido otra misión más que esa. No creo que ningún presidente se haya levantado pensando cómo joder a México», señaló y tiene razón, seguramente.

Yo también dudo mucho que algún mandatario se despierte por la mañana y se ponga a confabular planes de como fregarse el lugar en que gobierna, pero lamentablemente eso no es garantía de nada, y así como dudo que piensen en “chingar”, también dudo mucho que abunden los gobernantes que por las mañanas se despierten pensando en cómo hacerle para que el lugar que gobiernan se convierta en un lugar mejor para la gente.

En sus prioridades deben existir muchas cosas, quizá el próximo proceso electoral, asegurar un patrimonio millonario, favorecer a sus conocidos, cumplir compromisos electorales, impulsar a sus “gallos” herederos del cargo que ostentan, en fin, cosas en qué pensar ha de haber muchas, pero la mayoría alejadas de algo que represente un beneficio real para la gente.

Hace no mucho, escuché en el Municipio de Tonalá un discurso de Andrés Manuel López Obrador, – que por cierto el fin de semana visitará Tlajomulco – en el que habló sobre la corrupción, y a palabras más, palabras menos, dijo desconocer quién era el presidente de ese Municipio, que no lo conocía, pero que estaba seguro que Aristóteles Sandoval era más corrupto que él, y que a su vez, EPN era aún más corrupto que el gobernador de Jalisco.

Un análisis muy simple pero sumamente sensato, la corrupción es una especie de pirámide invertida, sí el presidente del País es corrupto, los secretarios federales lo serán, al igual que los gobernadores y sus funcionarios, y por supuesto, lo serán los inspectores, los trabajadores de licencias y otros funcionarios municipales, sí es que el alcalde lo es.

¿Entonces, de qué me sirve como mexicano que el presidente de la república no se despierte pensando en joder al País, si de todos modos lo hace?, por ejemplo, en sus visitas a los estados, Peña gasta en el viaje de él y en más de un centenar de personas, en el uso del avión presidencial, gasta en las comidas – y entendamos que con comidas no nos referimos a los tacos de “combat mortal” de la esquina – así cómo hospedaje, y no precisamente un motel en López Mateos.

Y resulta que lo que hace el mandatario  en esa visita es tomarse 200 selfies con señoras que se derriten con su copete, ofrece un discurso de 20 minutos, sonríe, saluda a todos lados y se larga de regreso a los Pinos, mientras Jalisco se mantiene igual de violento, igual de corrupto e igual de estancado que cuando llegó, sin embargo, a largo plazo podría resultar hasta perjudicial, pues el sequito de admiradores que lo fue a ver y que aspira a ser como EPN, comenzarán a imitar algunas de sus conductas y claro, a costas del erario, pues todos los gastos que se hacen, no cuestan un solo centavo a sus protagonistas.

¿Debemos agradecer entonces que un presidente no se despierte por las mañanas pensando en cómo joder a México, o debemos exigirle que se despierte todas las malditas mañanas pensando en cómo sacar al País del hoyo en que se encuentra?, debemos exigir a los mandatarios que se enfoquen en un propósito específico que es el bien común, y no agradecerles por ello, pues eso, es nada más y nada menos que su obligación constitucional

Pero bueno, supongo que ahora debo al menos en lo personal agradecer al presidente por abrirme los ojos, pues yo creía que el perro de mi vecino ladra todos los días a  las seis de la mañana porque se despertaba pensando en cómo joderme, pero gracias a EPN y su discurso, hoy sé qué no es así, sino que el animal actúa sin razonar, por instinto, y termina por joder porque esa es su naturaleza, ya solo me queda deducir cuál será la del presidente.

 

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