Patrimonio inmaterial

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Columna de opinión por #OctavioGuevara

Como cada año, el pasado 12 de octubre se llevó a cabo la celebración de la tradicional Romería de Zapopán. El alcalde de Zapopan Pablo Lemus Navarro anunció en rueda de prensa que este año el recorrido de la Romería registró una afluencia de un millón 800 mil personas, consideró que el incremento se debió a que la gente ya se familiarizó con el nuevo trayecto por avenida Américas y al buen clima que se tuvo, además de que destacó que este 2016 es el primero en donde la Romería se festeja con el nuevo decreto de patrimonio inmaterial. “Continuaremos con los trabajos para que esto no sea considerado a nivel municipal, sino que la Romería tenga este carácter también validado por la Unesco, estamos siguiendo los procedimientos, para que esta fiesta cultural, ciudadana, religiosa, se mantenga a través de los años”.

 

El origen de la devoción mariana de las visitas de la Virgen Zapopana a los diferentes templos de Guadalajara, trata de reproducir el texto evangélico de la visita de la Virgen María a su prima Santa Isabel (Lc 1,39-56).

La participación de la venerada imagen en la evangelización y pacificación regional fue, sin duda, el mayor antecedente para el acrecentamiento de su devoción; más la fama de sus milagros desde la mitad del Siglo XVII, hizo que se considerara como una prioridad la construcción de un santuario dedicado a ella.

La devoción a la Virgen de Zapopan se esparció por varios medios. Uno de ellos fue el de “los demandantes”, quienes, previo permiso de las autoridades eclesiásticas y civiles, paseaban una réplica de la imagen con la intención de recabar limosnas, tanto para la edificación de su  santuario como para diversas acciones sociales y pastorales que llevaban a cabo las cofradías o grupos, puestos bajo su advocación. Fruto de estas “demandas” fue el inicio de la construcción de una primera iglesia de tres naves, que vendría a reemplazar a la primitiva ermita.

 

Consta históricamente que la venerada imagen de la Virgen de Zapopan visitaba la Ciudad de Guadalajara de manera eventual, como lo hizo en los años 1693 y 1721 con motivo de las devastadoras epidemias que azotaron a los habitantes de esta comunidad, cuyos supervivientes, librados de tales enfermedades, acrecentaron su devoción y agradecimiento a esta imagen mariana, yendo a visitar su templo.

 

Durante una tempestad del año de 1734,  tanto el Capellán como el Sacristán de la iglesia de la Santa Cruz (San Juan de Dios) murieron al ser alcanzados por un rayo, y ante la tragedia, los vecinos, alarmados e impresionados, pidieron a las autoridades eclesiásticas que llevaran la bendita imagen para implorar su intercesión; petición que fue escuchada. Pasada la crisis, los miembros de la Audiencia de Guadalajara tomaron la iniciativa de solicitar al entonces Obispo, Nicolás Carlos Gómez de Cervantes, la Declaración del Patronato de Nuestra Señora de Zapopan sobre Guadalajara contra Rayos, Tempestades y Epidemias; solicitud que fue atendida.

 

Después de estas visitas que la Virgen hacía a los templos de la ciudad, la obligación de acompañarla de regreso a su santuario recaía en dos miembros del Cabildo Eclesiástico y en dos miembros del Cabildo Civil, que viajaban en el mismo carruaje de la Reina (una calandria), y a los cuales, de manera espontánea muchos tapatíos y algunos otros habitantes de poblaciones vecinas comenzaron a añadirse a la comitiva para acompañarla.

 

Tres momentos principales marcaban la tradición zapopana desde la época virreinal: La “llegada” de la Virgen a Guadalajara; los “cambios” de una iglesia a otra, y la “llevada” de regreso a su santuario. Estos términos, sin mayor aclaración, se añadieron al lenguaje devocional tapatío para designar las diferentes celebraciones en torno a  la visita a la ciudad, de Nuestra Señora de Zapopan.

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