Todo cuenta

blanca bravo 2015 color completa

Columna de Opinión por #BlancaBravo

Mi muy querido tlajomulca ¿Cómo la anda pasando? Por esta ocasión, y sin que usted me lo pregunte, yo ando a todo dar. Mire usted, a raíz de un hecho, lamentable en nuestro municipio y altamente difundido hasta afuera del País, una jovencita a la que admiro mucho externó “la necesidad de tocar ese tema” en ésta, nuestra columna. Hazlo tu Ale, le dije. Aquí su inteligentísima y humana reflexión:

“Que lo bueno casi no se cuenta, pero cuenta mucho, dice el que se ha convertido en el lema de los spots del gobierno de EPN desde su informe de este año. Y se refiere nada más y nada menos que a las migajas -si es que a eso llegan- que ha dado al país, y a las que recurre en un desesperado e inútil intento por paliar los innumerables problemas sociales que han aumentado durante su mandato, porque esos sí que se han contado mucho. No hace falta, pues, hacer aquí un recuento de dichos problemas, detengámonos en uno solo de ellos; la cada vez más decadente economía y, con ella de ejemplo, la indiferencia y la separación.

Hace poco más de un mes en el municipio de Tlajomulco de Zúñiga una mujer llamada Sol decidió cesar su vida y la de sus dos hijos abriendo las llaves del gas de la estufa mientras los últimos dormían. Una semana después, cuando el olor que salía de casa de Sol imposibilitaba la respiración, sus vecinos del fraccionamiento «Los Agaves» se atrevieron por fin a llamar a las autoridades para que corroboraran sus sospechas. Lo que los oficiales encontraron dentro de la casa fueron los cadáveres de Sol y de sus hijos, además de un par de billetes y monedas, y un puño de hojas donde Sol se explicaba y pedía perdón. La mísera cantidad de dinero, dedujeron los oficiales, debía ser el insuficiente ahorro que tenía Sol para cubrir las necesidades de su pequeña familia y acabar con las deudas que, según se sabe, le había dejado su esposo, quien la había abandonado con toda la carga, incluyendo amenazas de supuestos abogados. «Era muy trabajadora, pero no le alcanzaba», dijeron los vecinos.

Alberto Uribe, Presidente del municipio, dijo que lo que más le dolía era que Sol no le hubiera dado una oportunidad a sus hijos (ambos menores de edad). No nos sintamos con el derecho de lanzar juicios de ningún tipo, mucho menos sin haber estado ahí, sin saber todo el contexto, y sin haber dado nada. Nada más innecesario y desgastante que pensar en los imposibles hubiera; no hay manera de volver en el tiempo. Pasó lo que pasó, y en lo que hay que reflexionar es en el porqué, y, con el único interés de evitar que se repita. No volvamos en esta ocasión al teatro presidencial y a sus rastreros propósitos; hablemos del papel que tenemos nosotros, todos, como sociedad, en casos éste.

Lo que a mí más me consternó fue el que Sol, si no tenía familia -o estaba lejos-, no tuvo tampoco la confianza, hasta donde sabemos, de pedir ayuda o consejo a algún vecino o amigo. ¿Qué es lo que provoca que los lazos que creamos con quienes vivimos en nuestra cotidianeidad sean tan débiles o incluso ni siquiera se formen? ¿Por qué a veces lo único que damos es un saludo por compromiso, evitando cualquier otro tipo de comunicación?

Las largas y cansadas jornadas laborales, estrategia capitalista que deja poco tiempo libre para recreación de los empleados, con el fin de asegurar la «productividad» de los mismos, impide la convivencia y, a su vez, la unión y la organización entre iguales. Cuando todo ese trabajo no es suficiente y las necesidades apremian, aparecen aquellos sentimientos y pensamientos que nublan la mente dificultando ver una posible solución. Esto, aunado a la fuerte tendencia a concebirnos como individuos en constante competencia por el éxito propio y la presión por poseer bienes materiales, nos va acostumbrando a estar cada vez más absortos en nuestra persona, tanto que la frase «vive tu vida y que los demás vivan la suya» se ha entendido de forma tal que aparecen la indiferencia y la apatía hacia lo que le ocurra al otro, aunque ese otro sea un igual, y a la vez nosotros mismos.

Se trata de observar, de no ser indiferentes, de recordar que vivimos en sociedad y que, por lo tanto, nos conciernen la pobreza, el abandono, el desempleo, las desapariciones… Somos seres activos y creativos día con día de nuestra realidad, decidamos exigir y luchar por lo que por ley nos corresponde, pero decidamos también prestar oídos, dar un consejo, brindar apoyo, preguntar y usar nuestras palabras para ayudarnos cuando hay tiempo y no para concedernos la autoridad para juzgar. Con nuestras acciones y palabras contribuimos al avance o al estancamiento, reflexionemos entonces hacia dónde van dirigidas y qué resultado esperamos de ellas. Finalmente, todo cuenta. “

Alejandra Barbosa Vera

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