A quién felicitar un 28 de septiembre

hugo color 2016

Columna de opinión por #VíctorHugoOrnelas

El 28 de septiembre se conmemoran dos cosas, una de ellas a nivel mundial que es el día de la rabia, una enfermedad que podemos asociar principalmente con los perros, pero también en México se celebra el día del servidor público, un cargo que de alguna manera también podemos asociar con ciertos animales.

El día de la rabia entiendo perfectamente las razones del porqué de conmemorar, pues en algún momento ésta enfermedad fue el “coco” de la humanidad, y cobró la vida de cientos de personas, es así que descubrir su cura es una verdadera proeza y por supuesto que semejante bien común, es motivo de celebración.

El día del servidor público por otra parte, se conmemora luego de que a raíz de tratados internacionales negociados en la Organización Internacional del Trabajo (OIT) se logró que el empleado público obtuviera derecho a la negociación colectiva, que a su vez da pie a la creación de sindicatos de servidores públicos los cuales en teoría deben de velar por los derechos de estos cómo trabajadores, algo que está por demás justificado, pues como cualquier trabajador, los servidores públicos tienen derechos.

No obstante para un sector importante de la sociedad, resulta bastante complicado poner en un mismo enunciado la palabra celebración y servidor público, básicamente porque sus experiencias con estos no han sido para nada gratas, Incluso el solo hecho de que exista un día del servidor público les puede resultar ofensivo.

La situación debería ser completamente distinta, en una versión utópica, es decir, en una versión ideal de la situación, los ciudadanos deberían encontrar motivos suficientes para considerar que realmente se debe festejar esta fecha y aprovechar el día para felicitar a los empleados de gobierno tal como lo hacen con los maestros, las secretarias, las enfermeras y otros.

Pero no es así, y los responsables son los mismos empleados de gobierno que han entendido su trabajo de manera completamente equivocada, sienten que al ser parte del gobierno, ya sea a nivel municipal, estatal o federal, los convierte en amos y señores del mundo, tratan a la gente con las patas y hacen de la arrogancia su principal manera de conducirse a los ciudadanos.

Son groseros, intolerantes, infringen las leyes, ponen pretextos para todo, carecen de auto crítica,  se portan como si le estuvieran haciendo un favor al ciudadano, cobran mucho, trabajan poco, y lo peor de todo, son mayoría, entonces opacan considerablemente el desempeño de los buenos servidores, los cuales sí existen.

Para llegar al servicio público, el primer requisito debería ser acreditar capacidad en diferentes aspectos, primero someterse a un examen psicométrico, al menos eso ya eliminaría como a la mitad de los aspirantes, luego, tendrían que acreditar un examen como al que someten a los maestros con la Reforma Educativa, en el que demuestren sus conocimientos y hasta se pueda determinar si tienen vocación para desempeñar una labor como la de servir a la gente.

A nosotros de qué nos sirve que una persona se la pase en campaña agitando banderas, de qué nos sirve que se la viva publicando idioteces en las redes sociales, o de qué nos sirve que sea un completo lambiscón con sus jefes, eso no nos sirve en absolutamente nada, y esos son los que no tendrían por qué llegar a las nóminas de los gobiernos.

En Tlajomulco de manera particular, existe una cantidad increíblemente absurda de gente que consideran que trabajar para el gobierno es a lo mejor que pueden aspirar en la vida, pero no porque estén deseosos de  mejorar las cosas en su municipio, sino porque creen que eso les resolverá la vida, creen que van a tener acceso a un buen sueldo, prestaciones, largos periodos vacacionales y horarios cómodos por hacer prácticamente nada, y son esos los que más daño le hacen al lugar donde viven, y son esos a los que se les debe agradecer que una fecha como la del 28 de septiembre, sea ridícula para muchos y que cuando llega ese día en el calendario, tengamos que preguntarnos a nosotros mismos a quién felicitar, y que demonios se debe festejar.

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