Flor de la taruguencia

blanca bravo 2015 color completa

Columna de opinión por #BlancaBravo

¿Cómo le amaneció el asunto mi muy estimado tlajomulca?  ¿Cómo le fue de semanita?  ¿Cómo anda saliendo a rastras el fin de quincena o de pago semanal después de los gastos derivados de ser un gran patriota septembrino?

La realidad es que la cosa no pinta nada bien; ni en el municipio, ni en el estado, ni en el entero País. Nuestra economía nomás no marcha. Y hablo, por supuesto, de la economía-economía; la de verdad; la nuestra; la del día a día; la de nuestros hogares y nuestros bolsillos (por el breve tiempo en que el dinero permanece en ellos).  El Presidente del País, nuestro copetín “des-rankeado” podrá decir que somos una de las economías más pujantes y, pue’ que tenga razón si los pujos a los que se refiere no son los del más erótico bienestar, sino de agónico sufrir. Sí, nuestro México se la lleva a puro pujar entre la voracidad de los hegemónicos titiriteros y, nosotros,  los del otro extremo de los hilos.

El Gobierno sube precio de combustibles; el peso se devalúa y los insumos cuestan más;  los empresarios encarecen productos y servicios; los trabajadores ganan más… ah ¿no verdad? La cadenita se rompe, como siempre por lo más vulnerable, por la persona de a pie, el asalariado, el ama de casa. ¿No le parece, mi muy devaluado tlajomulca, esto, una inequidad total? Y no digo injusticia porque, digo…, por favor, estamos en México; la injusticia es sinónimo  de nuestro sistema.

Ante la paupérrima (jodidísima) situación de la población, surgen todo tipo de recursos “salvavidas” el negocito “ilegal”  de duritos o comida, el saloncillo pone uñas, el “se pinta y albañilea” sin prestaciones y una larguísima lista de quehaceres  y negocios que, desde una postura estrictamente legislativa son ilegales más no ilegítimas. Son actividades al margen de la ley pero dentro de una legitimidad que, primero, la situación y la preservación de la vida justifican y, segundo, no dañan a nadie. Otra cosa son los fenómenos deplorables como la súper actual- en Tlajomulco al menos- “Flor de la abundancia”.

Mi querido Tlajomulca, no exagero cuando digo deplorable. Más bien me quedo corta ante los sentimientos que dicha práctica me causa. Usted me conoce, está habituado a mi boca de perico de arrabal, pero ni éste, tan libre medio, sería capaz de dar soporte a todo lo que yo quisiera despotricar acerca de esta tiznadera. Seguro usted ya leyó o escucho acerca de esta estafa. Se trata de que un “listo” empieza esta red, convence a un cierto número de incautos – y codiciosos (seamos realistas)- a entrar al “negocio de sus vidas” les pide una cantidad de dinero a cada uno, se queda con el dinero y cada aportador busca, por su lado, otro número igual de personas  que repetirán lo mencionado hasta un supuesto infinito. Dirá usted, como muchos dicen, que no pasa nada que todos ganan o como alguien me dijo “yo recibiendo mi dinero los de más que ch…ngen a su madre”. Por otro lado, la práctica se recomienda con dos puntos muy “recomendosos”:

  1. Que hasta Don líder moral de soleado partido político anda en esas arengas.
  2. Y que es algo muy bueno porque todo el personal del CAT (de todos niveles) ya le entró.

De la primera “asegurancia”, pos ¡diiicen!  ¡Sabe! Y, de la segunda, me consta que, entre gordita, quesadilla y taco de barbacoa, chicas de no muy ejecutivo atuendo y hombres de “perjumes” llamativos; se hace proselitismo en favor de la maravillosa Flor de la abundancia. El Centro Administrativo de Tlajomulco es, a toda hora, mercado del mejor verbo, la mejor perorata, el mejor orador para “acabalar” sus invitados a tan “bello regalo”.

Yo nomás digo, ¿Pos de qué se trata? ¿Podremos tener tan ligera consciencia? ¿Tan exacerbada codicia? ¿Tan nulos principios y pobre ética?

Amigo y amiga, no se meta en pendejadas, que otros de dudosa capacidad moral e intelectual lo hagan no valida el fraude. ¿O usted qué opina?

 

 

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