Y sí estos se van, nadie los extrañaría

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Columna de opinión por Víctor Hugo Ornelas

En el primer año de gobierno es claro que el alcalde Alberto Uribe no se siente completamente satisfecho con el desempeño de diversas dependencias o funcionarios, en algunos casos se requerirán de ajustes en la estrategia, en otros, la situación es aún más sencilla, pues el problema tiene nombre y apellido.

En el escritorio del alcalde existe una lista de funcionarios cuyo desempeño está siendo sometido a evaluación y en los siguientes días podría anunciarse su salida, entre estos se encuentran el titular del Instituto de Cultura Recreación y Deporte, Ghi Sandro Arreola, el director de los Servicios Médicos Municipales, José Manuel Mercado Martínez y el coordinador de Participación Ciudadana y Construcción de la Comunidad, Omar Cervantes Rivera.

El primero mencionado es un caso que parece no tener vuelta atrás, Ghi Sandro hizo un papel discreto durante la administración de Ismael del Toro, aunque por ello no se le puede culpar, pues durante el mencionado gobierno es difícil poder mencionar a un funcionario cuyo desempeño haya rayado en lo sobresaliente, pues muchos vivieron un trienio sabático auspiciado por el erario público.

Entendemos entonces que el hecho de que Arreola asumiera la titularidad del Instituto de Cultura, Recreación y Deporte, obedeció más a temas políticos, de compromiso y apadrinamiento, que a una capacidad demostrada, y lo que terminó por demostrar que el cargo le quedó grande; y cómo no, si en este Instituto hablamos de reconstrucción de tejido social a través de la cultura y el deporte, hablamos de impulsar y desarrollar estrategias que conjunten a lo que podemos llamar el viejo y el nuevo Tlajomulco, hablamos de que se requiere un perfil serio, comprometido, con una visión amplia y un entendimiento total del Municipio.

Contrario a esto, vimos un desempeño gris, prácticamente un año perdido, y no es exagerar, porque en un Gobierno, un año en el que no se avanza, se puede tomar como pérdida, además de errores tan básicos como los cometidos en el medio Maratón Cajititlán, con un punto de entrega situado a casi 40 kilómetros del Municipio y prácticamente inaccesible en transporte público, dando una clara muestra de que el interés no está en el Municipio que le paga, y habrá de enterarse el muchacho que no se va así nada más, pues los regidores le pedirán cuentas claras por lo recabado en el medio maratón.

En Servicios Médicos el problema ha sido que el actual titular ha querido establecer políticas de un hospital privado en una unidad médica pública, y que si bien nada mal le caerían a la cruz verde en Tlajomulco, lo cierto es que la estrategia para llevarlo a cabo no fue la acertada.

El director se peleó con prácticamente todos los empleados, y de esta manera es muy complicado poder establecer una agenda laboral que refleje un buen servicio a los usuarios, quienes para variar, son los que padecen los problemas internos, y en ese sentido, si no puedes controlar a tus trabajadores, entonces no sirves como líder y la permanencia es inestable.

Llegando a los asuntos que competen a la Coordinación de Participación Ciudadana y Construcción de la Comunidad,  el caso de Omar Cervantes es para dar coraje, el tipo ha comenzado a perder el piso, el rumbo y todo lo relacionado con lo que un ciudadano espera por parte de un servidor público.

Omar Cervantes llegó en la administración de Enrique Alfaro, se mantuvo con Ismael del Toro y ahora con Alberto Uribe podría estar viviendo su última etapa, al menos en esta demarcación a la que le debe todo lo que tiene, pero parece que se le ha olvidado.

Sí hay algo en lo que sobresale como empleado, es en ser un buen lambiscón con los superiores, pero maneja una doble cara, pues de pronto se siente con derecho de mangonear y ordenar a quienes al menos él piensa que están por debajo suyo, así sean directores de otras áreas, algo que por cierto no es nuevo, sino que ya lo viene arrastrando de tiempo atrás.

Un presidente municipal, que es la cabeza de un gobierno, no puede ser prepotente ni grosero, entonces mucho menos sus funcionarios, y mucho menos el que se encarga de la construcción de la comunidad, ese tipo más que nadie debe tener los pies bien puestos sobre la tierra y conducirse con humildad en todo momento, cosas que no son características del aun coordinador.

Imagine nada más que al señor le molesta que no lo nombren en los eventos en que participa, es más, imagine nada más que al señor le molesta que le roben cámara y no ser el primero al que se refieran en los micrófonos, además, su clara estrategia de hacer campaña para enaltecer su figura es motivo suficiente para saber que no ha entendido de lo que se trata la chamba por la que le pagan, porque un funcionario con tantita inteligencia, entendería que destacar con su trabajo reditúa mucho más que elaborar discursos absurdos, hacer como que llora en las presentaciones, creerse pieza clave de un lugar donde nadie lo extrañaría, pedir reconocimiento, llamar a todo mundo “amigo” y decirse partícipe de hechos y actos “históricos”, es decir y para acabar pronto, al ser servidor público no se puede vivir como la Danna Paola esa, en un mundito de caramelo que se aleja de la realidad, pues lo que la gente quiere no son divas de la burocracia, quiere gente que se la raje por ellos y que se ganen día a día el sueldo que reciben, es por eso que sí estos tres se van, créame, nadie, pero nadie, los extrañaría.

 

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