Las cosas buenas no se cuentan

hugo color 2016

Columna de opinión #DePolíticaYOtrasPerversiones

Por Víctor Hugo Ornelas

Dice la presidencia de la república, que “las cosas buenas no las cuentan pero cuentan más”, frase que han utilizado como parte de la campaña del cuarto informe de gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, una campaña que habrá que decirlo, ni siquiera es original, todos los gobiernos son unas pobres víctimas de la opinión pública que nada más se dedica a ver lo malo.

Los medios somos monstruos voraces capaces de escribir “lo que sea” con tal de vender, y el gobierno es un noble cordero cuyos integrantes empeñan su vida en servir a los ciudadanos por encima de cualquier interés, y que ni nos quede duda, porque tal cómo el himno lo dice, si un méndigo enemigo se atreve a pisar con sus sucias patas el suelo nacional, que se agarre, porque se le deja ir todo el poder del País.

Lo bueno no se cuenta, dice Peña y usa la palabra “derrotistas” para referirse a un sector que critica de más a su consideración, pero la realidad de las cosas es que lo malo tampoco se habla completamente, pongamos ejemplos y contrastemos unos con otros.

De lo bueno que no se cuenta nos presentan mensajes de aliento sobre la reforma educativa, no hay números, no hay mejores indicadores, no hay nada que lo respalde, pero la reforma educativa está impulsando al País, y está también la reforma energética, claro, la gasolina está subiendo sus costos al igual que la energía eléctrica y el gas, pero la reforma es formidable, entendamos esto como aquella campaña de Calderón donde hablaba de la lucha contra el narco, esa que aunque no parezca, vamos ganando.

Ahora contemos de lo malo que no se cuenta, por ejemplo una pareja de ancianos no menores a los 75 años cada uno de ellos, que caminaban el pasado domingo cerca de las cuatro de la tarde por la orilla de la carretera a Morelia a la altura de las plazas Outlet, ambos con chalecos anti reflejantes para hacerse más visibles a los coches, el viejito empujaba un triciclo tubular, y la mujer, igual de anciana, caminaba a cinco metros detrás de él con la mirada fija en la maleza a un costado del camino a la espera de encontrar una lata, envase de plástico o cualquier cosa que se pueda reciclar para luego venderla y sobrevivir.

Esta pareja de ancianos no tienen oportunidades en este País y sobreviven de la incivilidad de los automovilistas que actúan cual marranos, y que creen que el bote de basura se encuentra del otro lado de su ventana, eso tampoco se cuenta, aunque no son ellos los únicos en esas condiciones.

En esta semana ocurrió algo que ha generado infinidad de reacciones, una mujer de este Municipio decidió quitarle la vida a sus hijos y suicidarse en un fraccionamiento de carretera a Chapala; y cuando la nota se publicó, las reacciones de la gente giraron en su mayoría a condenar a la mujer, que “era una maldita”, que “cómo pudo hacer eso”, “pinche vieja loca”, “se hubiera matado sola, los niños qué”, un sin fin de opiniones.

Pero no estamos considero, ni en posición de defenderla ni de atacarla, lo que nos corresponde como sociedad es analizar fríamente los hechos y qué es lo que los generaron, así como determinar cuántos casos similares y víctimas potenciales existen al menos en las cercanías para que no vuelva a ocurrir.

La mujer no decidió de un momento a otro hacer esto, lo pensó desde hace mucho tiempo, trato de hacerlo como ella pensó que menor dolor le ocasionaría a los niños, y los asfixio con gas licuado, ese gas que asfixia los bolsillos de miles de mexicanos, y además dejó una carta póstuma de once cuartillas.

Dicha carta decía entre otras cosas, los motivos que la orillaron a hacer lo que hizo, y con los cuales no concuerdo pero eso es lo de menos y no cambia las cosas, y en resumidas cuentas también nos daba una idea de lo que era la vida de ella y su familia.

Esta mujer trabajaba en una empresa de producción de esas que nos presumen las autoridades que vienen a invertir a México y que darán empleo a miles de personas, aunque la realidad es que vienen a explotar a miles de personas, que trabajan jornadas de ocho horas con otras tres de traslado, por un salario de tres mil pesos al mes, los cuales no le alcanzaba a esta señora para alimentar, vestir, dar techo, salud y educar a sus hijos y agregado a todos sus problemas económicos, tanto ella como sus hijos iban a ser desalojados de su hogar… se iban a quedar en la calle.

La situación es frustrante por donde uno la vea, y encima uno se da cuenta que existen proyectos destinados al apoyo de los grupos vulnerables, pero resulta que como aquí ocurre, los funcionarios que trabajan en asignarlos tienen familiares como beneficiarios y el inútil y cínico contralor que se debe encargar de vigilar ese tipo de cuestiones, simplemente se mofa de la situación y sigue cobrando su quincena al igual que los irresponsables trabajadores corruptos.

Las anteriores son solo dos historias que no se cuentan, y cuentan mucho, porque no son la vida de unos viejitos y una madre soltera, es la realidad de 55 millones de mexicanos, y esa, es la que hay que estar contando todos los días, para que este País no se convierta en una pocilga, para que las cosas cambien, para que no nos engañemos, sepamos dónde estamos parados y todos, gobierno y sociedad, hagamos algo para cambiarlo.

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