Saludar con sombrero ajeno

hugo color 2016

Columna de opinión por Víctor Hugo Ornelas

Cuando uno de nosotros contamos un buen chiste, no lo escuchan todos los presentes, y entonces alguien más lo repite y se lleva las risas, la sensación no es agradable para el autor inicial, igual ocurre cuando un empleado le da una idea al jefe y este la presenta a los directivos de la empresa como propia, los directivos entonces se enamoran de la iniciativa y la aplauden, el coraje para el pobre empleado es mayúsculo, porque entonces alguien se aprovechó de su intelecto para sacar provecho sin reconocer y dar crédito a quien tuvo la idea.

Los ejemplos anteriores son para aterrizar lo molesto, descortés, desleal y deshonesto que puede resultar “saludar con sombrero ajeno”, ahora, en el siguiente párrafo tratemos de entender lo grave que puede resultar la misma situación.

Sí el día de mañana, Juan Pérez publica en sus cuentas de redes sociales que “el respeto al derecho ajeno es la paz” y firma la frase como propia, aquellos que no conozcan esta famosa oración de Benito Juárez, podría llegar a creer que en efecto fue de la autoría de Juan Pérez, entonces cuando le pregunten en la escuela sobre la misma, y el chamaco conteste “Juan Pérez” en el examen, no solo recibirá una calificación reprobatoria, además estará cambiando parte importante de la historia de México.

El historiador Lorenzo Meyer, señaló que el mundo en el que él se mueve, “el plagio es quizá el escándalo más grave porque tú te pasas un tiempo enorme en tu vida académica buscando información, interpretándola, dándole forma, en algo que es tuyo”, algo que se replica en muchas otras profesiones.

En 2013, en las páginas de este semanario se publicó por última vez la columna de un colaborador que tenía varios años compartiendo sus ideas, pensamientos, análisis, opiniones, con los lectores, sin embargo, esa ocasión, quizá por cansancio, por premura, o por lo que sea, decidió publicar seis de ocho párrafos que contenía su columna, copiados de manera íntegra de un libro, que evidentemente no había escrito dicho colaborador.

La acción se detectó gracias a que uno de los trabajadores de este semanario había ya leído las páginas del libro que el columnista decidió copiar y publicar como propias, lamentablemente fue después de impresa la edición y no antes, pero en ese momento la decisión que se tomó de manera unánime, fue de separar definitivamente del equipo a nuestro colaborador, pues en ese momento se perdió la confianza de que aquello que escribía, en realidad fueran sus ideas, pensamientos, análisis y opiniones, o fueran las de alguien más.

En el caso del Presidente de la República, Enrique Peña Nieto, un reportaje reveló que casi el 30 por ciento de su tesis, la cual presentó para titularse en la carrera de Derecho, había sido plagiada de autores como Enrique Krauze, Jorge Carpizo McGregor y el ex presidente  Miguel de la Madrid entre otros, algo que para muchos, entre ellos el Secretario de Educación en el País, Aurelio Nuño, no es grave.

Así como suena, el encargado de la educación en México indicó que el plagio no es grave, quizá no pensó en que robar la idea de otra persona habla de una evidente falta de capacidad intelectual para desarrollar los pensamientos propios y habla de una moral que permite el engaño para enaltecerse a uno mismo.

Vivimos en un País en el que nos cuesta mucho trabajo salir adelante, donde las condiciones de vida son precarias, donde la mitad de la población es pobre, donde los logros mundiales se limitan a la invención de la televisión a color y un infinito “ya merito” en competencias deportivas.

Un País donde la corrupción e impunidad son el pan nuestro de cada día, donde los que gobiernan se valen del poder para incrementar sus cuentas bancarias, donde el nivel educativo es cada vez más bajo y la competitividad ciudadano contra ciudadano a nivel mundial se derrumba.

Eso es lo que tenemos en México, y encima viene un tipo a decirnos que el ser deshonesto no es grave, que robar la idea de una persona y adjudicárnosla como propia no tiene mayor repercusión, solo eso le faltaba a la clase política, después de acuchillarnos con los recursos, sobajarnos como ciudadanos y pasar por encima nuestro en prácticamente todos los ámbitos para su provecho, vengan a quitarnos nuestros valores, sin los cuales, entonces sí, una nación entera que navega en busca de un lugar estable, terminará por irse al carajo.

Bien decía Edgar Alan Poe, que “el hombre es un animal que estafa, y no hay otro animal que estafe además del hombre”, y a lo que uno se pregunta, sí el presidente es capaz de estafar en un asunto como la creación de una tesis, qué no hará cuando se trata de asegurar una cómoda y opulenta calidad de vida para él y su familia.

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