Robar el agua para venderla, una estampa de la corrupción general

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Por Aarón Estrada

No sabemos si reír o llorar. No es broma. La corrupción en el Ayuntamiento de Tlajomulco es tan alta y evidente, que incluso se roban el agua pública para venderla, quienes deberían estar contratados para solucionar ese problema.

Parece un cuento de ficción, de esos del final de todo los tiempos, apocalíptico, es este caso de evidente corrupción. La cuarta guerra mundial, sobre la batalla por el agua, se ha hecho evidente en Tlajomulco con este caso -lease la página seis de esta edición-, el caso es sencillo de explicar (difícil de comprender).

Resulta que en el pozo de agua de una colonia, pipas con autorización de sus superiores sacan agua de ese lugar, dejando sin agua a los vecinos de ese fraccionamiento y después, cuando los habitantes llaman para pedir el líquido a los números que aparecen en las pipas, les contestan y les dicen que si les llevan su agua, pero a 700 pesos llenar su aljibe y tinaco, o sea, les quitan su agua y luego se las venden.

La sustracción ilegal y venta de agua potable de acuíferos y manantiales en este País, sin un permiso de la Comisión Nacional del Agua de derechos de uso, es un delito federal, que se castiga, al igual que explotar de manera ilegal yacimientos petroleros, mineros y sustracción de flora y fauna en reservas naturales.

Si suceden esos casos, es porque ha fallado en mucho tiempo los controles anticorrupción, se han incumplido las normas en esa materia. Pero sobre todo, de comprobarse este robo y venta de agua, la participación de pipas contratadas por el Ayuntamiento de Tlajomulco para abastecer de agua a colonias que no la tienen, se trataría de una evidente complicidad entre la autoridad competente y los piperos que tienen la designación de abrir y cerrar los pozos, obviamente tocaría esa responsabilidad al Sistema de Agua de Tlajomulco (Siat). Alguien debería de ir a dar a la cárcel con sanciones económicas severas.

Al año, el Municipio destina el pago de 15 millones de pesos para la contratación de 24 pipas que abastecen de agua a colonias que no tiene este servicio, en su mayoría son asentamientos irregulares. En promedio, se les paga por pipa 52 mil pesos mensuales. Es evidente que con esta cantidad de dinero, bien el Municipio podría comprar un parque vehicular de pipas y con sus propios empleados dotar de ese servicio, sin pagar esos millones, en otros años por arrendamiento.

Pero ahí está la clave, ¿quiénes son los propietarios de esas pipas, para que cada año se les paguen 15 millones de pesos?, ¿ y cómo fue el método de elección de esos arrendamientos mensuales? Sin duda, los dueños se aproximan a los poderes fácticos que siempre han estado presentes en Tlajomulco, que pudieron ser erradicados por los gobiernos que se comprometieron a desprenderse de estos personajes y que incluso con arrendamientos a modo, los siguen alimentando.

Y por acuerdos como esos, suceden escándalos de la venta de agua, es obvio, que en un País con altos niveles de corrupción, Tlajomulco es el único Municipio donde se lucra con el líquido, la diferencia de este caso escandaloso, es que en este Municipio se dice a la vanguardia en materia de combate a la corrupción, pero vemos que en los hechos, no es así.

Es indignante que se lucre con el agua pública, es pecado de todos los Dioses habidos y por haber, es un delito incluso del fuero federal. Pero parece ser que en esta espiral de la corrupción, esto se ha convertido en el pan de cada día.

Si el presidente municipal, el contralor, el director jurídico y los regidores, no pueden fincar responsabilidades por este evidente caso de corrupción y complicidad, pues entonces serían cómplices de estos hechos y no tendría caso la función de cada uno de esos cargos. Esperemos que sea diferente y se aplique la ley.

 Porque después qué seguirá, ¿qué nos roben el aire?  Hagamos bocanadas de aire y de esperanza, para que no lleguemos a ese punto en México, Jalisco y Tlajomulco.

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