A oídos sordos… Oaxaca

hugo color 2016

#Columna:  Víctor Hugo Ornelas

Lo que ocurre en Oaxaca es un tema que no debe ser ajeno a ningún mexicano, la muerte de ciudadanos durante una protesta es la estampa más agresiva de una represión que se genera en todo el territorio nacional y que de alguna manera nos da una idea de lo que podría pasar si el día de mañana decidimos salir y defender lo que consideramos nuestros derechos.

La represión es la respuesta bruta y violenta de un gobierno autoritario, carente de idear estrategias de interacción con sus gobernados, incapaz de entablar el dialogo, es la respuesta de un sistema limitado en lo intelectual, en lo administrativo, en lo operativo, un sistema que deja al descubierto todas sus debilidades, que no cuenta con los canales adecuados de comunicación, participación y retroalimentación ciudadana.

Oaxaca es un paraíso para los turistas, sus playas y su cultura tiene una riqueza casi infinita, lo convierten en uno de los destinos turísticos por excelencia de nuestro México, en contraste, Oaxaca es uno de los Estados más pobres del País, donde su gente sale a otros Estados en búsqueda de un mejor panorama de vida, donde mucha gente no tiene para comer pero se tiene que tragar la discriminación de aquellos que se creen superiores y se olvidan de que su labor es servir.

Oaxaca es uno de los Estados con mayor marginación y eso de alguna manera también genera que exista mayor nivel de protesta, porque los ciudadanos tienen muy poco que perder, además de que se deben defender solitos, pues al resto del País le parece de mayor vergüenza nacional los siete goles que le metió la selección chilena de futbol a la selección nacional, que la muerte a balazos y macanazos de ocho oaxaqueños.

Que si hubo infiltrados, que si ellos fueron los violentos, que si esto o el otro, la verdad es que no existe ninguna justificación para que las autoridades reaccionen de la manera en que lo hicieron, y por supuesto en ningún momento puede ser aprobatorio que de parte de los ciudadanos exista abusos y ataques contra la autoridad, pero volvemos a lo mismo, antes de que todo esto ocurra deben existir acuerdos, debe existir diálogo.

Esas condiciones son suficientes para estar enojado, a términos simples Oaxaca es una casa en donde el Papá y la Mamá comen sus tres alimentos diarios, se dan lujos y salen a pasear los fines de semana mientras sus hijos tienen que rascarse con sus propias uñas y conformarse con las sobras, es un Estado donde la riqueza se queda en un sector muy limitado, el de los caciques que se han servido de esta joya de la nación, y que por supuesto no van a permitir por ningún motivo que la gente pueda sublevarse y poner en riesgo su estilo de vida.

En el tema de la Reforma Educativa y todo este pleito, existen dos puntos de vista, el que defiende el Gobierno y enaltece que la reforma cambiará la educación en el País y que trajo consigo la creación del Sistema Nacional de Evaluación Educativa, que es coordinado por el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, y que básicamente se encarga de evaluar el desempeño, la calidad y los resultados del sistema educativo nacional desde el nivel preescolar a media superior, y modifica las reglas de ingreso de los profesores para que sea a través de concursos de oposición.

Por otra parte sus detractores aseguran que carece de un planteamiento integral que pueda impulsar la educación, no toca el tema de la alimentación y todos sabemos la importancia de estar alimentado de manera adecuada para poder tener un buen desempeño en las tareas diarias, tampoco modifica el plan de estudios ni revoluciona la forma en que se imparten clases en las aulas, simplemente que se trata de una reforma laboral que afecta de manera directa al cuerpo docente.

Al escuchar las dos versiones, ¿en serio no se pueden lograr acuerdos y llegar a un punto medio? La represión en todas sus expresiones no es otra cosa más que debilidad por parte de aquellos que tienen el poder porque toman las decisiones, pero que carecen de liderazgo y valor para sentarse a escuchar a sus detractores y lograr acuerdos en el que ambas partes puedan estar satisfechas, es la muestra más clara de que el Gobierno no sabe escuchar, y si un Gobierno no sabe escuchar a sus ciudadanos, entonces para qué fregados lo queremos.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: