Ganadores no, perdedores sí

hugo color 2016

#Columna: Víctor Hugo Ornelas

Si en este fin de semana se llevaran a cabo elecciones en nuestro País para elegir al nuevo Presidente de la República, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) se convertiría en el gran perdedor, la gente lo sacaría de Los Pinos y ningún copete los salvaría.

Lo anterior lo podemos decir con fundamento en los resultados electorales de los comicios celebrados en doce Estados de la  República y que marcaron por primera vez en la historia, el registró de la caída de unos prehistóricos tricolores en los Estados de Veracruz, Tamaulipas, Quintana Roo y Durango, dónde tenían una hegemonía que solo el enojo de la gente pudo romper.

Pero esa derrota del PRI no obedecería a un arrollador PAN, o a un convencimiento espontáneo en MORENA, ni al repunte de Movimiento Ciudadano o el PRD, sino a una especie de rencor hacía la clase política que los ciudadanos decidieron expresar en las urnas este pasado fin de semana.

De los doce Estados en los que se celebraron elecciones, solamente uno de ellos apostó a la continuidad, todos los demás decidieron sacar del poder para el siguiente proceso al partido que lo ostenta actualmente, donde gobernaba el PAN, ganó el PRI, dónde gobernaba Movimiento Ciudadano ganó el PAN, y el mismo PAN ganó donde antes nunca había perdido el tricolor.

Estamos viendo entonces un comportamiento similar en doce entidades federativas, comportamiento que ya se veía venir con lo ocurrido en Nuevo León dónde los habitantes decidieron darle su voto a un independiente, o en entidades como Morelos donde se apostó por la opción menos creíble, la de un ex futbolista que sí bien no sabe de administración pública, representó la única opción diferente al político de siempre.

Ya lo vimos en Jalisco también, Estado en el que se conjuntó la figura de un político como Enrique Alfaro y el enojo de la gente para darle un golpe brutal al PRI y quitarle la fuerza en el Área Metropolitana, es decir, estamos viendo quizá una tendencia que se puede mantener en la próxima elección y que significaría la segunda gran derrota del PRI en México al verse destronado de la Presidencia de la República.

Y eso lo saben los que aspiran a sentarse en el Palacio Nacional, lo sabe el PAN que hasta se ha dado el lujo de recurrir a Felipe Calderón, ex presidente que dejó el cargo con la cola entre las patas, pero que con la realidad actual de la nación, se puede atrever a salir a la calle y caminar con la creencia de que él fue un buen gobernante, al menos mejor que el que está ahora.

También lo ven así las izquierdas comandadas principalmente por un partido que hace tres años no existía y que ahora es protagonista bajo el mando de Andrés Manuel López Obrador, que sí bien muchos lo creían perdido después de 2012, actualmente hay elementos para decir que el tipo está vivo, coleando, y es un serio aspirante a ganar la presidencia; aunque también está el grupo de los independientes donde se cuela Enrique Alfaro, si bien no como candidato presidenciable, sí como uno de los pilares que daría apoyo desde Jalisco a la figura elegida entre Mancera, Graco Ramírez o el Bronco.

Pero ese momento de oportunidad que todos ven, es un arma de doble filo, muchos están cegados por completo a una realidad que es la necesidad de cambiar la estrategia, muchos no entienden que para ganar las elecciones en 2018 no se requiere de planear una campaña con técnicas avanzadas de mercadotecnia y comunicación, o como mejor las conocemos, de sometimiento, manipulación y coacción del voto.

No terminan de entender que el tema aquí es construir desde dónde ya están, no captan que la mejor campaña es hacer un buen gobierno, ofrecer resultados, dejar de negociar obras, servicios y todo lo que les pueda dar una tajada que ayude a engordar su cartera.

El asunto no es que los ciudadanos se hayan hartado del PRI o del PAN, nos hemos hartado de los actores que hacen pensar que la política es una cloaca llena de ratas, cucarachas, sanguijuelas y quién sabe qué otras desagradables especies.

El hartazgo que lleva a la derrota en la urna es por las promesas sin cumplir, por las expectativas que no llenaron al momento de llegar al poder, no porque sus campañas sean extraordinarias, en las últimas elecciones, salvo algunos casos contados, no hemos tenido realmente grandes ganadores, hemos tenido grandes perdedores que deben el resultado a pésimos gobiernos, al cinismo, al robo y la corrupción; sí es que los partidos quieren comenzar a ganar en las urnas, tienen entonces que comenzar a hacer cosas distintas, tienen que sorprendernos, por supuesto, en el buen sentido de la palabra.

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