Cosa de pesos y resultados

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#Columna: Por Victor Hugo Ornelas

Un Municipio que tiene un servidor público por cada 200 habitantes, como es el caso de Tlajomulco, podríamos decir que se mantiene dentro de la media nacional en cuanto a nómina, el número de empleados no es exagerado, pero tampoco podríamos saber a ciencia cierta sí las necesidades del Municipio se solventan con esa cantidad de trabajadores públicos.

Es muy complicado llegar a medir la productividad de los empleados municipales debido a que no existen los indicadores requeridos para ello, y es precisamente eso, lo que permite que algunas oficinas gubernamentales se llenen de buenos para nada que a lo único que se dedican es a cobrar un cheque prácticamente regalado quincena con quincena.

Seguramente habrá muchos trabajadores que sobren en el gobierno, y sí el día de mañana se fueran del Municipio, lo único que ocurriría es que nos ahorraríamos ese salario que sería más productivo si se invierte en otra cosa que no sea la manutención de personas sin mayor talento que lambisconear o ser buen amigo de alguien que puede tomar decisiones.

Dentro de la plantilla laboral de los gobiernos existen casos de empleados que comparten un nombramiento pero perciben distintos salarios, es decir, pueden haber una secretaria que gane cinco mil pesos, otra siete mil y otra nueve mil, y que al meternos a ver sus funciones nos demos cuenta que son exactamente las mismas, y que la cantidad de trabajo que tengan puede depender directamente de lo activo o pasivo que pueda ser su jefe.

Ese tipo de favoritismos generan vicios dentro de los gobiernos que repercuten en la función que estos desempeñan de manera colectiva, debido a que al haber estas situaciones, se genera poco compromiso laboral por quienes se sienten afectados, por quienes consideran que hay una injusticia salarial y que por lo tanto sienten que cualquier cosa que hagan más allá de su trabajo, lo estarán haciendo gratis y eso no se lo merece el patrón.

El problema es que el patrón no es realmente quien le da las órdenes en la oficina, el patrón es la gente, y el patrón en estos empleos, es el único que no decide sobre el sueldo que van a percibir sus trabajadores, las prestaciones que van a tener y el horario laboral que tendrán que cumplir, aunque sea este patrón el que realmente sepa cuáles son las necesidades del lugar donde vive.

Hasta el momento no he visto a nadie que levante la mano y someta a una consulta pública el salario de los trabajadores, de los funcionarios de primer nivel, o el de ellos mismos, sí han salido a decir que se van a reducir el sueldo equis porcentaje, pero eso a quién se lo preguntaron, a mí de qué me sirve que se baje el sueldo un alcalde o un regidor que va a recibir comisión de los permisos inmobiliarios que concede, o de los contratos con la inversión privada y proveedores.

Quién les dijo que los salarios de los empleados “operativos” esos que están la mayor parte del día bajo el sol haciendo un esfuerzo físico sin las comodidades de una silla y el aire acondicionado, deben estar catalogados dentro de los que menos ganan, en qué momento midieron que el esfuerzo que hacen esas personas en la calle es menor o mayor al que realiza alguien en oficina.

O a quién le han preguntado cuales empleados son más necesarios contratar, quién determina que hacen falta “soportes técnicos”, “podadores” “secretarias” o “inspectores”, porque si bien a final de cuentas el principio del sistema en el que vivimos es el de otorgar esas facultades a aquellos por quien votamos en las urnas, también es cierto que en una era donde la participación ciudadana es la bandera de los “progresistas”, hay otras maneras de involucrar a los ciudadanos con las tomas de decisiones.

Por mucho tiempo los gobiernos han construido discursos pensados en lo que creen que el pueblo quiere, pero son pocos los que realmente preguntan y se dan el tiempo de escuchar la respuesta, una respuesta que en realidad es simple, y en tema laboral no es ni siquiera exigente pero se resume en una sola cosa.

Cuando den trabajo no queremos que lo hagan a personas con quienes tienen un compromiso, queremos que ocupen los puestos personas cuyo compromiso sea inamovible con la gente y el bien común, seguramente sí así lo fuera, no estaríamos pensando cómo medirlos y sí desquitan el sueldo con su chamba, estaríamos pensando en cómo agradecerles, estaríamos contentos con ustedes, algo, que habrá que decirlo, hoy, no lo estamos.

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