Por qué no les creo

hugo color 2016

Por Victor Hugo Ornelas

#Columna

El discurso de los gobernantes, ya sea para ser presentado en un evento público, la colocación de una primera piedra, una gira de trabajo o cualquier cosa similar, está creado con un propósito, ofrecer un panorama actual sobre el lugar en el que se desempeñan, Alberto Uribe habla de cómo está Tlajomulco, Aristóteles Sandoval hace lo propio sobre el Estado y Peña Nieto como que intenta lo mismo con respecto al país.

La mayoría de las ocasiones, estos discursos son generados por un grupo de asesores, que se basan en diversas teorías y técnicas de comunicación para la elaboración de estos alegatos y así asegurarse (según ellos) de que la gente reciba el mensaje correcto con respecto al desempeño del gobernante.

Pero pocas veces ocurre así, la mayoría de las veces cuando escuchamos un discurso sobre el lugar en que vivimos solemos darnos cuenta que todo suena muy bonito, pero se vive de otra manera en la calle.

cuando Peña habla de que México es el país cuya economía es la que más ha crecido en América, aun por encima de la estadounidense, entonces uno se pregunta, ¿Sí es así, por qué carajos estamos sumergidos en una crisis?, por qué a las familias promedio ya no nos alcanza para llevar y ofrecer a nuestros hijos una vida digna, ya no digamos con lujos, sino con una alimentación completa, con un adecuado vestir, con una educación de calidad.

Por qué sí México tiene en su agenda la prioridad de hacer respetar los derechos humanos, existen más de 26 mil personas desaparecidas en los últimos seis años, y por qué sí el gobernador del estado dice que Jalisco es un estado seguro, aquí se concentra más del 20 por ciento de estas desapariciones.

Por qué si somos una ciudad segura, tenemos que poner doble llave a las cerraduras de nuestras casas, o por qué tenemos que gastar miles de pesos en protecciones de acero para proteger puertas y ventanas y convertir el lugar donde vivimos en una especie de cárcel con barrotes que tienen como objetivo que nadie ajeno se meta, pero que reflejan el hecho de que somos prisioneros de una renta, de un pago de 30 años por una pocilga que quienes hacen las leyes llaman “vivienda digna” pero el tamaño de esa casa es apenas equivalente a las dimensiones de su dormitorio.

Por qué si dicen que México es un país con seguridad social universal, a la señorita que nos atiende en cualquier clínica, hospital o centro de salud público, no le basta que seamos mexicanos para darnos el servicio, y así nos estemos retorciendo de dolor, tenemos que presentar un carnet que nos acredite como derechohabientes.

Por qué si el eslogan principal de un gobierno que lleva tres años de gestión es “Mereces estar bien”, pero todos los días tenemos que viajar repegandole el ombligo a desconocidos en un camión, soportando el estado de humor del chofer que un día buen puede decirnos “buenos días” que otro “recórrase por en medio” aunque no quepa ya ni una mochila.

Por qué sí el propósito de los que gobiernan es reducir la brecha entre los que tienen y los que no, existen salarios tan disparatados entre funcionarios “de primer nivel” y personas que sudan doce horas diarias para apenas lograr llevar los justo a su casa y no poderse dar el lujo de convivir con su familia.

Por qué entre la diarrea verbal que expulsan algunos de los gobernantes y la marginación en la que vive más de la mitad del territorio nacional hay tanta diferencia, de qué México nos hablan, a qué estado se refieren, que nos lo digan, por qué sin lugar a dudas se trata de un lugar en el que quisiéramos vivir, pero del cual ignoramos la ubicación para comenzar con la mudanza.

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